El gobierno de Alejandro Armenta quiere construir la Universidad Rosario Castellanos en los campos Xelhua, una de las pocas áreas verdes de Bello Horizonte, en Cuautlancingo. ¿El detalle? Los vecinos se enteraron cuando ya les iban a colocar la primera piedra.
Protestaron, el acto se suspendió y ahora habrá que discutir dónde construir.
Y ojo, porque la expansión de estas universidades de la 4T tampoco está libre de polémicas: al menos en Naucalpan, el ingreso de nuevos estudiantes a la Rosario Castellanos cayó 66.9 por ciento entre dos ciclos, cuatro carreras no recibieron nuevos alumnos y estudiantes denunciaron deficiencias de infraestructura y transporte.
Lo cual no demuestra que toda la institución sea un fracaso, pero sí que inaugurar planteles no garantiza por sí solo una educación de calidad.
La educación pública hace falta, por supuesto. Pero también hacen falta parques, espacios deportivos y áreas verdes en zonas urbanas que cada vez tienen menos.
¿Por qué la solución siempre tiene que ser quitarle a los vecinos lo poco que tienen, en lugar de planear bien dónde construir?
Si el gobierno quiere ampliar la matrícula universitaria, que lo haga sin enfrentar el derecho a estudiar con el derecho de la gente a conservar sus espacios públicos.

