Los transportistas amenazan con paralizar carreteras por robos, extorsiones y costos de operación. El Gobierno federal responde que mantiene abiertas las mesas de diálogo. La pregunta es cuánto tiempo llevan dialogando mientras los operadores siguen arriesgando la vida para mover las mercancías del país.
En Puebla podrían verse afectadas la México-Puebla, el Arco Norte y las vías hacia Atlixco y Tlaxcala. El paro está anunciado por tiempo indefinido, aunque las organizaciones no coinciden todas en participar y todavía hay incertidumbre sobre los cierres.
Los bloqueos afectarán a miles de personas, sí. Pero reducir la discusión a las molestias de los automovilistas es ignorar por qué se llegó a este punto. Si las carreteras son inseguras, las extorsiones persisten y los costos siguen ahogando al sector, pedir paciencia mientras se ofrecen mesas de diálogo ya no alcanza.
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Este lunes también habrá movilización de académicos, estudiantes y jubilados contra la reforma al sistema de pensiones de la BUAP. La consulta prevista para el 28 de octubre ya fue aplazada, mientras se revisa cómo ampliar la participación del personal académico.
Los universitarios tienen razones para exigir que se les escuche: una reforma que puede modificar aportaciones y condiciones de jubilación no debería avanzar sin información suficiente ni participación efectiva de quienes verán afectado su futuro.
La BUAP no puede tratar la inconformidad como un trámite que se resuelve posponiendo una votación. Si la reforma es tan buena como dicen, que expliquen con claridad sus consecuencias y permitan que los trabajadores decidan con toda la información sobre la mesa.
Unos salen a las carreteras porque trabajar en ellas se ha vuelto peligroso; otros se movilizan porque temen que después de décadas de trabajo su jubilación cambie sin garantías suficientes. Distintas demandas, pero una misma exigencia: que las autoridades dejen de administrar el descontento y empiecen a resolver aquello que lo provoca.

