Morena, los adelantados y la lucha de clases

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Soraya Córdova Morán

El 28 de septiembre, la dirigencia de Morena —avalados por toda la maquinaria política y económica de ese partido a nivel nacional— nominó a quienes serán los candidatos a gobernadores en los 17 estados que se disputarán durante las elecciones de 2027. Prácticamente todos los medios de comunicación en el país y en los estados hicieron los anuncios de los candidatos oficiales en Chihuahua, Guerrero, Sinaloa, San Luis Potosí, Campeche, Colima, Michoacán, Zacatecas, Baja California, Tlaxcala, Aguascalientes, Querétaro, Nuevo León, Quintana Roo, Nayarit, Baja California Sur y Sonora. Mucho se debe analizar sobre estas designaciones.

               Parecería que Morena sólo está cumpliendo con la obligación de anunciar a sus fichas para las gubernaturas bajo el amparo de la ley. Pero no es así. El partido Morena, una vez más, como lo hizo en el año 2023 con las “corcholatas” presidenciales que promovía Andrés Manuel López Obrador, está violando la ley.

               Legalmente, las precampañas de 2027 no han empezado. De acuerdo con la normativa, comienzan en noviembre de este año o en enero del próximo y concluyen en enero o febrero del próximo año, según las reglas impuestas por el INE. De manera que Morena no sólo adelantó ilegalmente sus precampañas, sino que bajo el esquema de llamar a sus candidatos como los “coordinadores de la transformación” todos ellos se gastaron mucho, pero mucho, dinero para la realización de actos políticos, así como millones de pesos para pintar bardas, para imprimir volantes, para publicitarse en la prensa, en las redes sociales, para que la televisión o la radio los entrevistaran. El resultado es que, antes de que la competencia empiece de manera formal según los tiempos del INE, ellos ya llevan meses (algunos de ellos años, incluso) publicitándose como los “coordinadores de la transformación”. El dinero utilizado para esas precampañas, desde luego, sale de Morena, es decir, de los impuestos que pagamos todos los mexicanos, pero también de los contratistas, intermediarios, grupos de poder y empresarios, que son quienes evalúan a las “corcholatas” y aportan dinero contante y sonante para que sus apuestas políticas logren ser elegidas para la contienda.

               Morena no va solo como partido, lleva como aliado al Partido Verde Ecologista de México, que ahora se ha vendido más caro y ha logrado más candidaturas y más dinero. Como saben los mexicanos, el Verde fue aliado del PRI cuando el tricolor controlaba el poder, luego se hizo aliado del PAN cuando ellos gobernaron al país. Ahora son aliados de Morena y ya hay medios que dicen que “el Partido Verde ha hecho con la 4T el mejor negocio de sus 33 años de existencia”.

               Y, en efecto, la política partidista en México es un gran negocio, controlado por quienes tienen el poder económico del país, por los grupos empresariales, por los dueños de las grandes compañías, por los dueños de las grandes empresas y de las fábricas, de las mineras, de las compañías telefónicas, de los medios de comunicación, etcétera, etcétera, que son quienes usan a los partidos políticos de moda para seguir imponiendo sus reglas, para seguir dictando cómo va a funcionar el país. Por eso se viola la ley electoral y por eso nadie dice nada sobre esto, porque en la política esto es de lo más normal.

               ¿Qué nos queda a los ciudadanos, a los trabajadores, a los universitarios, a los colonos, a los campesinos y obreros? En primer lugar, unirnos como clase oprimida que no tiene más que su fuerza de trabajo para ganarnos la vida, educarnos políticamente para entender los hechos de la vida del país y saber diferenciar a qué clase económica se beneficia en cada uno de ellos y, finalmente, unidos y educados salir a luchar por nuestros derechos inmediatos, para exigirle a los actuales y los nuevos gobernantes acciones en serio para acabar con todos los problemas que nos hacen vivir en la pobreza.

               En segundo lugar, entender que las elecciones “democráticas” sólo nos usan un día para poner en el gobierno a quienes ellos ya eligieron previamente como los gobernantes: sus aliados, sus amigos y sus familiares, que son los que les van a servir a sus intereses, no a los nuestros.

               En tercer lugar, entender que, a pesar de todos los cambios de gobierno, de partidos y de grupos en el poder durante tantos años, los pobres seguimos siendo pobres, por lo que la única manera de acabar con la pobreza es tomando el poder político del país con un partido realmente nacido de las entrañas del pueblo, que es el único que sabrá, eso sí se los aseguro, dirigir a este país por un nuevo rumbo.

               A eso los invita el Movimiento Antorchista Nacional. Esa es la tarea. Y vamos todos, queridos amigos, a trabajar para lograrlo.