Cablebús… protestas que Armenta no debería ignorar

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El proyecto del cablebús en Puebla nació envuelto en dudas y, con el paso de las semanas, esas dudas se han convertido en inconformidad pública. Especialistas, urbanistas, organizaciones civiles, ciudadanos y ahora también estudiantes han salido a las calles para cuestionar una obra que, según sus críticos, carece de diagnósticos transparentes, no aparece en instrumentos de planeación estatal y tendría una demanda relativamente baja frente a una inversión cercana a los siete mil millones de pesos. A ello se suma el impacto ambiental por la posible tala de árboles y la ocupación de áreas verdes urbanas, en una ciudad que ya enfrenta una crisis ambiental dentro de la cuenca del Alto Atoyac. En ese contexto, las marchas que han surgido en la capital son el reflejo de un malestar creciente frente a un proyecto que muchos consideran mal planeado.

En medio de estas manifestaciones, los estudiantes que han salido a protestar merecen reconocimiento. La historia demuestra que las sociedades avanzan cuando las nuevas generaciones participan, cuestionan y defienden lo que consideran justo. Que jóvenes poblanos salgan a las calles a exigir información, planeación y respeto al medio ambiente debería ser visto como un signo de salud democrática. El Estado no tiene por qué coincidir con cada consigna, pero sí tiene la obligación de escuchar a sus ciudadanos, especialmente cuando los argumentos que se presentan son análisis científicos, económicos, geográficos y jurídicos sobre la viabilidad de una obra pública.

Lo ocurrido durante la manifestación frente a Casa Aguayo también debería encender alertas. Cuando los estudiantes retiraron las vallas metálicas que les impedían acercarse, un elemento de seguridad desenfundó su arma —que después volvió a guardar— en medio de la tensión del momento. Tal vez fue un reflejo ante la presión de un grupo que llegó con fuerza a la entrada del recinto, pero el riesgo fue enorme. Si una bala hubiera salido de esa arma, Puebla podría estar hablando en estos momentos de algo mucho más grave: un movimiento estudiantil nacional nacido de un episodio de represión. La inconformidad social ya está creciendo en las calles; lo último que necesita el estado es que la falta de prudencia convierta una protesta ciudadana en una crisis política de mayor dimensión.