Organizaciones sindicales, movimientos juveniles y “chalecos amarillos” vuelven a las calles mientras el Gobierno despliega 70 mil efectivos por temor a actos violentos.
Francia enfrenta este 7 de noviembre por cuarto sábado consecutivo una nueva jornada de protestas, convocada por organizaciones sindicales, movimientos juveniles y “chalecos amarillos”. Según medios locales, las manifestaciones autorizadas por la prefectura se desarrollan en calma, en un ambiente distendido, pese a las advertencias de seguridad previas al inicio de las protestas.
Las principales protestas se desarrollaron en Marsella, París, Lyon, Lille y otras ciudades importantes del país. Sin embargo, en varios puntos del país se han registrado enfrentamientos con la Policía.
Antes del inicio de las movilizaciones, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, había anunciado el despliegue de aproximadamente 70 mil policías y gendarmes en todo el país.
Durante una conferencia de prensa en París, el titular de la cartera informó que las autoridades habían detectado en redes sociales llamados “a la violencia contra las fuerzas de seguridad interior”, “edificios públicos” y “comercios” con “saqueos”, así como convocatorias “a la revolución, a la insurrección, de movimientos ultraizquierda o de extrema izquierda radical”.
“Por lo tanto, el riesgo es exactamente el mismo que para los sábados anteriores”, estimó el ministro, quien advirtió: “Si hubiera vándalos y saqueadores, los esperaríamos con firmeza”.
En este contexto, los prefectos adoptaron “decretos de prohibición de manifestación en los centros de las ciudades” y el dispositivo de seguridad fue renovado para este cuarto sábado de movilización nacional. “Evidentemente, los centros urbanos serán protegidos sistemáticamente”, había explicado Laurent Nuñez antes del inicio de las manifestaciones.
Las masivas protestas previas de octubre contra el alto costo de vida y el deterioro de los servicios públicos estuvieron marcadas por episodios de violencia. Aunque muchos marcharon pacíficamente, grupos de encapuchados se enfrentaron a la Policía, incendiaron vehículos y saquearon comercios. Las fuerzas de seguridad respondieron con gases lacrimógenos y cañones de agua.





