Gerardo Becerril Ramírez
El presupuesto público también revela qué actividades considera prioritarias un gobierno. Para 2027, Hacienda propone asignar 15,858.7 millones de pesos al Ramo 48 Cultura: 5.1% más que los 15,082 millones aprobados para 2026, en términos nominales. Al descontar el deflactor estimado de 4%, el crecimiento real sería de apenas 1.1 %. El monto aún debe discutirse y aprobarse; además, cubre distintas instituciones y tareas culturales, no solo talleres comunitarios.
El arte también es desarrollo comunitario. La cultura no debe tratarse como un adorno que se agrega cuando sobra dinero. Cantar, bailar, actuar, pintar o escribir permite que las personas comuniquen lo que viven, conozcan su historia y compartan ideas con otras generaciones. Cuando niñas, niños y jóvenes tienen espacios para practicar estas disciplinas, desarrollan imaginación, escucha, disciplina y confianza para participar en la vida de su comunidad.
El aumento propuesto es pequeño en términos reales. El proyecto plantea 775.8 millones de pesos adicionales respecto de los 15,082.9 millones aprobados para cultura en 2026. Ese crecimiento nominal equivale a 5.1 %, pero, con un deflactor estimado de 4% para 2027, el avance real rondaría el 1.1 %. Por eso conviene distinguir entre una cifra mayor en pesos y una ampliación efectiva de lo que las instituciones pueden hacer: el presupuesto todavía debe discutirse y puede cambiar durante el proceso legislativo.
La inversión debe llegar a la vida cotidiana. Una asignación nacional solo se convierte en oportunidad si sostiene actividades accesibles en colonias, pueblos y escuelas. Para abrir un taller se necesitan personas que enseñen, materiales, espacios seguros, transporte y continuidad. Si esos apoyos aparecen de manera aislada o dependen únicamente de esfuerzos vecinales, muchas comunidades quedan fuera y el talento local tiene menos posibilidades de crecer.
La falta de continuidad tiene consecuencias. Un festival de un día puede entusiasmar, pero no reemplaza un proceso donde la gente ensaye, aprenda y presente su trabajo durante el año. La formación artística requiere tiempo y acompañamiento: así se construyen habilidades, vínculos y confianza colectiva. Por eso, invertir en cultura significa pensar en programas estables y cercanos, no solo en espectáculos ocasionales concentrados en las grandes ciudades.
Antorcha coloca la cultura como una prioridad para educar y organizar. El Movimiento Antorchista Nacional afirma que las disciplinas artísticas forman parte de la educación de niñas y jóvenes, y organiza encuentros en los que participan personas de colonias, pueblos y escuelas. Su experiencia señala una necesidad concreta: cuando existen organización y espacios de participación, el arte puede acercarse a sectores que suelen tener menos acceso a actividades culturales.
Las Espartaqueadas y las jornadas culturales en cada estado son necesarias, ya que llevan el arte a la comunidad y permiten que el pueblo participe. En las Espartaqueadas Culturales los participantes presentan disciplinas como danza, canto, teatro, baile regional y poesía; además, el movimiento promueve encuentros y actividades en escuelas, barrios y comunidades. Estas iniciativas no sustituyen una política pública amplia, pero muestran cómo la práctica compartida puede abrir escenarios, motivar a nuevos participantes y poner en relación a grupos que, de otro modo, tendrían pocas oportunidades de presentarse.
Participar en el arte fortalece la vida común. Preparar una obra, una coreografía o una lectura exige colaboración: escuchar, respetar turnos, asumir responsabilidades y trabajar hacia una meta compartida. Esos aprendizajes no resuelven por sí solos los problemas sociales, pero sí enriquecen la convivencia y ofrecen a las personas una manera de expresar su identidad y sus preocupaciones. La cultura también pertenece a quienes no pueden pagar una academia o viajar a un recinto especializado.
Desarrollar el arte en cada comunidad es necesario. El gobierno puede ampliar el acceso con presupuestos sostenidos, talleres gratuitos, formación de promotores y espacios culturales repartidos en el territorio. Las organizaciones, como el Movimiento Antorchista Nacional, pueden aportar experiencia y convocatoria, mientras las autoridades deben garantizar que el acceso no dependa del ingreso o del lugar donde se vive. Si queremos un pueblo con más participación y oportunidades, el arte y la cultura son las herramientas más eficaces.
