Olomatlán, Puebla. La irresponsabilidad y el descaro del presidente auxiliar de extracción morenista, Miguel García Santos, ya cobraron una vida. La madrugada del 6 de septiembre, lo que debió ser una fiesta familiar de XV años en el techado de la plaza de la presidencia terminó en una desgracia tras desatarse una riña al calor de los tragos, donde Julián «N» fue herido por un arma blanca y posteriormente perdió la vida.
A la víctima la llevaron a toda prisa con un médico privado, quien al revisarlo confirmó que ya no tenía signos vitales y dio la indicación de trasladar el cuerpo a su domicilio. Fue hasta después de todo este caos cuando finalmente le avisaron a las autoridades del municipio, quienes acudieron al sitio para acordonar la escena y hacer lo que marca la ley.
El verdadero culpable de que no hubiera patrullas es García Santos, quien jamás notificó al ayuntamiento que se realizaría este evento ni pidió rondines de vigilancia para proteger a los asistentes.
Este trágico hecho desató la furia de los vecinos contra el edil morenista, a quien le reclaman por andar prestando las instalaciones públicas para parrandas sin la menor seguridad. Desde que tomó el cargo, no le ha importado formar una policía auxiliar para cuidar a la gente. Pero el desastre de su administración no para ahí:
Agua solo para sus allegados, aunque recibió la red de agua potable funcionando al cien, hoy el pueblo sufre por el desabasto mientras él le garantiza el servicio solo a sus familiares y conocidos.
El panteón hecho un asco, el camposanto de la junta auxiliar se encuentra completamente abandonado, ahogado entre la basura y la maleza sin que nadie mueva un dedo por limpiarlo.
Hoy Olomatlán clama justicia por la muerte de Julián «N» y exige castigo para un presidente auxiliar que tiene al pueblo hundido en la miseria, el peligro y la impunidad.
