El cinismo ya también gobierna Morena

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Lo verdaderamente preocupante del video no es la propaganda adelantada, las bardas o los espectaculares disfrazados de “apoyo espontáneo”. 

Lo alarmante es el nivel de cinismo con el que Morena en Puebla pretende explicarle a la gente algo que ya nadie les cree. Mientras el reportero Israel Flores Cerezo cuestiona directamente la evidente precampaña de perfiles como Laura Artemisa o Celina Peña , la dirigente estatal Olga Romero se pierde entre evasivas y silencios incómodos. 

Termina siendo el representante del partido ante el IEE quien intenta rescatar la escena con una respuesta burocrática que, en el fondo, suena más a burla que a explicación.

Porque la gente no es tonta.

La ciudad está llena de bardas, lonas, propaganda y reuniones políticas abiertas. Los nombres circulan por todos lados, las estructuras operan sin pudor y los aspirantes actúan como si la campaña ya hubiera comenzado. 

Pero cuando se les pregunta, todos responden igual: “yo no fui”, “es un ataque”, “es un ente oscuro”, “hay mucha grilla”. El problema ya ni siquiera es la simulación; es la soberbia con la que creen que pueden sostenerla frente a una ciudadanía que ve perfectamente lo que ocurre.

Morena prometió ser distinto a los partidos que criticó durante años, pero en Puebla comienza a parecerse demasiado a aquello que decía combatir: promoción adelantada, grupos internos peleando posiciones y dirigentes incapaces de poner orden porque, en el fondo, el descontrol beneficia a quienes hoy concentran el poder.