En Puebla ya empezó la campaña. No la oficial, la otra: la de los señalamientos, los videos en redes, las acusaciones cruzadas y los intentos por exhibirse unos a otros.
Ahí está el ejemplo más reciente: Genoveva Huerta llamando a “cazar mapaches”, denunciando promoción personal con recursos públicos y acusando a funcionarias de estar en campaña adelantada. Del otro lado, señalamientos contra el gobierno municipal de José Chedraui Budib por la solicitud de un crédito de 440 millones de pesos que —según la oposición— tendría fines electorales.
El problema no es que se denuncien. El problema es el contexto.
Mientras los partidos se acusan entre sí, Puebla aparece como uno de los estados con más delitos cometidos por servidores públicos: 166 carpetas de investigación en 2025 y 140 denuncias más en lo que va de 2026, distribuidas en decenas de municipios. Cohecho, abuso de autoridad, peculado y uso indebido del cargo.
Y aun así, la discusión pública no gira en cómo resolverlo.
Gira en quién exhibe mejor al otro.
Morena acusa al PAN. El PAN acusa a Morena. Y en medio, el mismo problema: uso de recursos públicos, falta de claridad en el gasto, promoción personal disfrazada de gestión. No son prácticas nuevas, pero sí cada vez más evidentes.
Lo que resulta difícil de ignorar es el tono.
Una dinámica infantil: videos, llamados a “cazar mapaches”, acusaciones en redes sociales sin que eso se traduzca en propuestas concretas. Una competencia por ver quién deja peor parado al adversario, no quién ofrece una solución real.
Y todo esto ocurre antes de que siquiera inicie formalmente el proceso electoral de 2027.
Ese es el nivel.
Mientras tanto, los problemas siguen ahí: inseguridad, servicios deficientes, crisis en salud, desigualdad, transporte público deplorable. Pero eso no ocupa el centro de la discusión.
Porque es más fácil acusar que gobernar.
Y también es más rentable políticamente.
Puebla no necesita partidos que se comporten como bandos en disputa permanente ni políticos que reduzcan la contienda a estrategias de exhibición. Necesita claridad en el uso de recursos, rendición de cuentas y, sobre todo, propuestas serias.
Pero por ahora, los poblanos tienen una antesala electoral donde lo importante es ganar la narrativa.
Aunque sea a costa del ridículo.
