La reciente polémica protagonizada por la diputada y vicepresidenta del Congreso de Puebla, Nayeli Salvatori, vuelve a colocar sobre la mesa una discusión incómoda: ¿hasta dónde puede llegar el espectáculo cuando se ocupa un cargo público? La legisladora generó indignación tras publicar un video burlándose del accidente ocurrido durante una sesión fotográfica de estudiantes de la Universidad Iberoamericana. El tema escaló rápidamente y obligó al presidente del Congreso, Pavel Gaspar Ramírez, a hacer un llamado público a la responsabilidad, recordando que una curul implica representar a los ciudadanos y actuar conforme al código de ética del Poder Legislativo.
La reacción posterior de la diputada en redes sociales, lejos de bajar el tono, terminó por avivar la polémica. Entre bromas, ironías y frases desafiantes, respondió a las críticas de los propios poblanos —los mismos que con su voto hicieron posible su llegada al Congreso— defendiendo su contenido y ridiculizando el debate.
En uno de sus tuits escribió: “A ver quién se cansa más rápido: yo de monetizar o ustedes de tuitear… vayan a funarme en Facebook o TikTok”, dejando claro que la polémica forma parte del juego mediático que ella misma reconoce explotar.
Todo esto ocurre, curiosamente, en un momento en el que la presidenta Claudia Sheinbaum ha llamado a los funcionarios de su movimiento a no convertir la red X en arena de confrontación política y a conducirse con honestidad y responsabilidad pública. El contraste entre ese discurso y la actitud soberbia con la que se responde a la crítica ciudadana resulta, por decir lo menos, incómodo.
Más allá del personaje digital, el problema es político. Cuando una legisladora convierte el cargo en extensión de su contenido para redes, el mensaje que se envía es que la representación popular puede confundirse con entretenimiento. Y ahí es donde el partido también tiene responsabilidad. Si Morena pretende mantener credibilidad como fuerza política, no basta con llamados suaves a la prudencia. La dirigencia y el propio Congreso tendrían que ser más firmes con quienes ocupan cargos públicos en su nombre. Gobernar no es grabar TikToks ni burlarse de la gente; es trabajar para ella.
