Ana Paola Flores
La Sierra Norte de Puebla es una de las regiones más ricas del país en tierras, agua y naturaleza. Aquí se siembra maíz, café, frijol, plátano, aguacate, vainilla y muchos otros productos que alimentan no solo a las comunidades, sino también a los pueblos y ciudades cercanas. La gente sabe trabajar la tierra, conoce el clima, los tiempos y cómo cuidar el monte.
Pero a pesar de toda esta riqueza, las comunidades viven en el abandono. Faltan caminos buenos para sacar las cosechas, muchas escuelas están en malas condiciones y no hay clínicas suficientes. Por eso, muchas familias ven cómo sus hijos se van a buscar trabajo a otros lados, porque aquí no hay apoyo real para quedarse a vivir del campo.
El gobierno dice que está apoyando al campo con programas como Sembrando Vida, que da un apoyo mensual a quienes siembran árboles y cultivos en sus parcelas. Aunque la idea parece buena, en la práctica no ha resuelto los problemas de fondo.
Hay campesinos que han recibido plantas que no sirven para sus terrenos, o que no aguantan el clima. En otras comunidades, los insumos llegan tarde o no hay asesoría técnica. Y lo más grave: el dinero del programa ayuda un poco mes con mes, pero no alcanza para levantar toda la producción ni para vender bien lo que se siembra.
Además, han salido denuncias de que en algunos lugares los apoyos de Sembrando Vida se entregan con favoritismo o con condiciones políticas. Eso no debería pasar. El campo necesita apoyo real, parejo y sin trampas.
Lo que hace falta es una verdadera inversión en el campo, que incluya caminos, apoyo técnico, crédito, y que escuche a los campesinos. Hace falta también organización, porque si el pueblo no se une y exige, los programas van a seguir siendo parches, no soluciones.
El campo puede vivir bien y hacer vivir a muchos. Pero para eso se necesitan políticas justas, serias y construidas desde abajo, con los que trabajan la tierra todos los días.

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