Las alarmantes consecuencias de los atentados en el mar Báltico calificados por la parte rusa como "actos de terrorismo internacional" ocasionaron la mayor emisión de metano de la historia. Según diferentes estimaciones, la rotura de los gasoductos hizo llegar a la atmósfera más de medio millón de toneladas de este gas, cuyo efecto invernadero es 28 veces más poderoso que el del dióxido de carbono, al tiempo que su potencial para aumentar el calentamiento global es 80 veces mayor que el del CO2.