Martín Antonio Escamilla Meza
El Ejido San Vicente no sólo no le ha quitado nada al pueblo —como pregona Rosa López y su grupo violento—, sino que gracias a la lucha de los viejos campesinos ejidatarios se creó el pueblo de San Vicente Ferrer, dándole identidad y dignidad. Pretender enfrentar a los ejidatarios con el pueblo es, por tanto, una total y aborrecible perfidia: un despropósito que insulta a todos, ejidatarios y no ejidatarios por igual, y que busca sembrar el odio entre familias que durante décadas han dado sustento al Ejido y al pueblo.
El Ejido no sólo no le ha quitado nada al pueblo —como ahora pretende hacerse creer gente mal intencionada—, sino que le ha dado mucho, incluso al propio Tehuacán. Para muestra, algunos ejemplos de lo que ha aportado a la comunidad:
Dotación de 2 hectáreas para la primaria 5 de Mayo, 1 hectárea para la secundaria Niños Héroes de Chapultepec, terreno para el kínder Emanuel Kant, media hectárea para el parque de San Vicente Ferrer y terreno para la construcción de la iglesia. Dotación de terrenos para los panteones. Donación de 5 mil pesos cada año para la fiesta del santo patrono. Apoyo de 30 mil pesos para la instalación de luz en la iglesia. Terrenos gratuitos para todas las vialidades, 9 terrenos para pozos de agua y 4 para cajas de agua que abastecen a los habitantes de la inspectoría y a buena parte de Tehuacán. Administración y mantenimiento del salón de usos múltiples, con acceso diario gratuito para todo el pueblo, y acceso gratuito a los juegos del campo de beisbol, incluido su mantenimiento.
En suma: el Ejido no le quita nada al pueblo; lo creó y le sigue aportando, tanto a San Vicente Ferrer como a Tehuacán.
¿Y qué papel juega el Movimiento Antorchista —también señalado por quienes violentan el estado de derecho, comandados por Rosa López— en el Ejido San Vicente y en el pueblo? Amparado en los derechos a la libre manifestación de las ideas, a la petición ante las autoridades y a la libertad de asociación, Antorcha organiza y concientiza políticamente a quienes voluntariamente se incorporan a sus filas para luchar unidos contra las injusticias, por la defensa de sus derechos constitucionales —como el derecho a una vivienda digna— y por la transformación de la sociedad hacia una de justicia para todos, no sólo para unos cuantos.
Gracias a ello, desde hace varios años miles de habitantes disfrutamos de las obras conquistadas por la lucha encabezada por la organización:
Electrificación en: Camino al Carnero, privada Daniel González, San Agustín, Benito Juárez, privada Fraternidad, José María Morelos, Centenario, Grúas, Ex Vía Esperanza, Calzada del Panteón, Betel, San Pedro, San Gabriel y Máximo Gorki.
Guarniciones y banquetas en: Ignacio Zaragoza entre Camino al Carnero y 20 de Noviembre; 5 de Mayo entre Francisco I. Madero y Jacarandas; San Martín, Alcatraz, y los callejones Los Pinos, Buganvilias y Las Rosas; 21 de Marzo; Ignacio Allende y 20 de Noviembre, segunda sección Aviación; Benito Juárez entre San Agustín y San Salvador; San Agustín entre Benito Juárez y Ex Vía Esperanza; y privada Fraternidad entre San Agustín y San Salvador.
Pavimentación y adoquinamiento en: 5 Señores entre José María Morelos y Niño Perdido; 5 de Abril entre Francisco I. Madero y 5 Señores; 5 de Mayo entre Zapata y Carnero; Carnero entre Francisco I. Madero y Zapata; Benito Juárez entre Francisco I. Madero y Daniel González; y Niño Perdido entre Libertad y Mariano Escobedo.
Gestionamos también el terreno para la construcción del bachillerato «Quetzalcóatl»; el equipamiento y título de concesión ante CONAGUA del pozo agrícola Villa Alegría; la perforación y equipamiento del pozo de agua potable San Vicente Ferrer, con 151 metros de profundidad; y la instalación de luminarias en el fraccionamiento Hacienda de San Vicente. A esto se suma el respaldo constante a los ejidatarios en la lucha que libran desde hace ya varios años.
Los ejidatarios no le quitan nada al pueblo ni pretenden adueñarse de los bienes ejidales para su venta o beneficio particular. Tramitar la regularización de la superficie de dichos bienes busca protegerlos en manos de sus legítimos posesionarios —los propios ejidatarios—, quienes seguirán administrando el salón social, el campo de beisbol y los panteones, prestando servicio a la comunidad igual que siempre, o mejor.
Por lo demás, los compañeros ejidatarios y los antorchistas —muchos de ellos ejidatarios y gente del propio pueblo— seguiremos marchando juntos, firmemente unidos, hasta obtener la victoria. Sepan que las agresiones en nuestra contra nos hacen más fuertes y nos mantienen más unidos. Y si no, al tiempo.





