La Auditoría Superior de la Federación detectó 43 millones 243 mil 382.92 pesos en observaciones a la nómina estatal, y entre ellas hay pagos a personas fallecidas, a trabajadores con licencia sin goce de sueldo y a personas que ocupaban cargos de elección popular. Eso incomoda especialmente a un gobierno que se reclama de la Cuarta Transformación y que hace de la austeridad y el combate a la corrupción su bandera. Armenta tiene 30 días para aclarar cada peso. Si solventa, que lo demuestre con documentos; si no, que asuma las consecuencias. Ni excusas ni carpetazos.
Dicho eso, tampoco hay que a emocionarnos con la campaña de descrédito del PAN y de la derecha. Presentar las observaciones de la ASF como si fueran una sentencia firme es una maniobra política, no un ejercicio de rendición de cuentas. Ricardo Gali y quienes difunden el caso tienen derecho a denunciar, pero no a inflar. La guerra sucia no es propuesta. La derecha poblana, como buena parte de la derecha mexicana, lleva años demostrando que no necesita proyectos para hacer campaña: le basta el escándalo, el miedo y el linchamiento mediático. ¿Dónde están sus planes para el Atoyac, para la seguridad, para el agua, para el empleo? No aparecen. Solo aparece el reflector sobre el adversario.
La derecha tiene una tendencia histórica que conviene recordar: ha defendido privilegios fiscales mientras exige sacrificios a los de abajo; ha impulsado privatizaciones que concentraron la riqueza; ha criminalizado la protesta social; ha sido tolerante con regímenes autoritarios y con dictaduras cuando le convenían; ha subordinado derechos humanos a intereses económicos y geopolíticos. Hoy, buena parte de esa derecha internacional avala o minimiza el genocidio en Palestina. Quien se escandaliza selectivamente por la corrupción pero calla ante masacres no está defendiendo principios, está defendiendo poder.
Por eso, aunque Puebla esté en condiciones complicadas y el hartazgo sea real, girar a la derecha no es la opción. Los poblanos no deben caer en el canto de sirena del PAN ni en la propaganda de quienes llegan al debate público sin propuestas y con el manual del descrédito. Pero ojo: tampoco se trata de darle un cheque en blanco a Morena. Cuestionar a Armenta no es hacerle el juego a la derecha; es exigirle coherencia a un gobierno que prometió no robar, no mentir y no traicionar. La ASF debe determinar, Armenta debe aclarar, el PAN debe presentar propuestas y la ciudadanía debe presionar a todos.





