La informalidad en México: un entorno carente de oportunidades

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José Raúl Ríos

El trabajo informal abarca a una porción considerable de la fuerza laboral en México, ya que con base a los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del (INEGI) 2026, la tasa general de informalidad laboral representa un 55.1% de la población ocupada a nivel nacional; es decir, más de la mitad de los trabajadores labora sin seguro social, salarios fijos, prestaciones, aguinaldos, ni apoyos oficiales del gobierno. En México esto es equivalente a 33.56 millones de trabajadores (de un total de 60 millones de la población ocupada).

De estas cifras el comercio es considerado como pilar de la informalidad ya que, debido a la baja barrera para evitar el autoempleo y la venta minorista, y si a este se le suma al sector del transporte público urbano de pasajeros, en conjunto representan cerca de 26.26% de la informalidad nacional.

Estos sectores son los más importantes y los que sostienen la economía de miles de familias. El comercio informal es el refugio primario ante la falta y pérdida de empleo formal o la falta de oportunidades para jóvenes y adultos mayores, puesto que requieren un capital inicial mínimo y ninguna certificación formal, además de que permite la participación de múltiples miembros de la familia en jornadas de medio tiempo o que además son flexibles pues los estudiantes o adultos pueden atender un changarro mientras que realizan otras labores.

Por otro lado, el transporte público ofrece una vía rápida de ingreso diario, superior al salario mínimo legal en días de alta demanda, lo que permite estabilizar la economía familiar cuando la principal fuente de ingresos del hogar no puede provenir de un empleo formal, esto mediante esquemas de rentas fijas o comisiones por peaje recaudado sin requerir historial crediticio o formación universitaria.

Sin embargo, aunque suena fácil la realidad es que en la mayoría de los casos se observan las jornadas más prolongadas, estos los hombres y mujeres laboran desde 42 a 56 horas semanales en el caso del comercio (12 horas al día), hasta 50 a 72 horas en el sector de transporte de pasajeros  (12 a 16 horas al día), debido a que sus ingresos no son fijos, esto los obliga a extender las jornadas para asegurar un ingreso neto mínimo o para compensar la baja rentabilidad por horas de trabajo, la gente se niega a vivir con ingresos que no son suficientes ante las necesidades cotidianas de una familia de 4 miembros, que debe cubrir gastos en educación, canasta básica, transporte, renta y medicina y dejando desprotegidas sus inversiones y ganancias, lo que puede llegar al punto de arrastrar a los hijos a dejar los estudios para ponerse al servicio de sistema de explotación, para no caer en la pobreza extrema y el endeudamiento.

Mientras que en las zonas urbanas, el comercio y el transporte informal complementan las exigencias de los compradores y pasajeros por el extenso territorio y población. Para las zonas rurales la situación es más complicada. En territorios donde gran parte del comercio depende de los productos agrícolas y la artesanías, muchas veces los campesinos tienen que malbaratar sus productos a los coyotes que cuentan con los recursos para llevarlos a las grandes centrales prefiriendo regalar sus productos y semanas de trabajo a que se conviertan en una pérdida por la baja demanda, la enorme oferta o las dificultades para colocar sus productos en el mercado, ejemplo de ello es que en el caso de Zacapoaxtla en donde el precio de 1 kilo de chile manzano lo compran a 3 pesos, es decir que de una reja de 25 kilos sólo logran obtener 75 pesos, (entrevista del medio NTRT noticias Zacapoaxtla) ¿pero ese pago alcanza para mantener a una persona? No.

Y en el caso del transporte popular siempre hay conflictos por el peaje entre los que cuentan con rutas concesionadas y entre los que laboran bajo la informalidad, además del riesgo por operativos de supervisión, multas elevadas y la retención de unidades por parte de las autoridades del transporte.

Esto tiene una raíz que se encuentra enterrada dentro del modo de producción capitalista, que en su ambición por extraer más ganancia del trabajo del hombre y aumentar la producción de mercancías en menos tiempo, necesita incorporar máquinas para acelerar la producción, pues debido al inevitable desarrollo tecnológico, solo logran sobrevivir aquellas empresas que producen más y en menor tiempo, así es como logran acaparar gran parte del mercado mundial. Coca Cola es solo un ejemplo. Esto hace que gran parte de la fuerza laboral sea reemplazada y despedida.

Otro aspecto que conduce a la informalidad es que el capitalismo al ser un sistema que se desarrolla en varios sectores de la sociedad acapara toda la producción de estos, y en el caso del agrícola ocupa gran parte de las tierras por un lado y por el otro deja a los campesinos sin ellas, los cuales que deben mudarse a la ciudad porque es más difícil mantener la producción agrícola y prefieren convertirse en obreros, sin embargo cuando estos llegan a la ciudad, no hay suficientes empleos ni fábricas que puedan absorber a estos trabajadores.

Pero esto tiene un límite, si nos detenemos a pensar que les sirve a los empresarios mucha producción si los trabajadores no pueden adquirirlos con sus salarios, el capital no produce para cubrir las necesidades de la sociedad sino para extraer máximas ganacias, el problema es que cuando llega a un punto de crisis los despidos son masivos, lo que conduce a mas personas a la pobreza y la desigualdad de oportunidades.

Por lo que, a pesar de los aumentos al salario mínimo y los apoyos económicos por parte del gobierno federal ni los salarios formales pueden enfrentarse a la realidad de desigualdad, prolongando la existencia de una gran parte de la sociedad que tiene que inventar una forma de sobrevivir. Pues de acuerdo con las Líneas de Pobreza por Ingresos del INEGI y CONEVAL (2026), la canasta básica ampliada en zonas urbanas alcanza los 4,905 pesos mensuales por persona, lo que exige 18,149 pesos al mes para que un hogar promedio de 3.7 integrantes no caiga en situación de pobreza; una meta inalcanzable con un solo ingreso, ya que el salario mínimo general de 315 pesos diarios (9,582 pesos mensuales) apenas cubre el 52.7% de las necesidades fundamentales de la familia, evidenciando un grave déficit estructural en el poder adquisitivo.

Ante esto la lucha por mejores condiciones laborales, mejores salarios, apoyos gubernamentales solo es un forma de resistir y maquillar la complicada situación en la que se encuentran muchos trabajadores. Por todo lo anterior, el Movimiento Antorchista dice que esas mejoras económicas y jurídicas son apenas el comienzo de la emancipación de la clase trabajadora de México, pues con la ayuda de la organización, la educación y la lucha organizada del pueblo, estas características se convertirán en las principales herramientas para conquistar el poder político de este país y combatir la desigualdad haciendo cambios profundos en las relaciones de producción.