* Tenemos la obligación histórica de defender a Tecomatlán
Enrique Pluma
Tecomatlán no es un municipio cualquiera; es la cuna histórica del antorchismo nacional y el testimonio vivo de lo que el pueblo organizado puede edificar cuando toma en sus manos la conducción de su propio destino. A pesar de la política sistemática de asfixia financiera que han sufrido los municipios del país desde 2018 a la fecha, en este rincón de la Mixteca Poblana se demuestra, con hechos irrefutables, que la austeridad impuesta por las altas esferas del poder no puede detener la fuerza transformadora de la colectividad. Para analizar estos asuntos, entrevistamos al Doctor Brasil Acosta Peña, líder de las juventudes de este municipio.
—¿Cuál es el balance político y social que se hace de este año de trabajo en el gobierno municipal de Tecomatlán?
—En primer lugar, hay que señalar con toda precisión a todos los hombres y mujeres de este país que el esfuerzo realizado por el ayuntamiento tecomateco es verdaderamente heroico. Desde el año 2018 hemos visto una tijera presupuestal despiadada contra los municipios, dejándolos prácticamente sin recursos para atender las necesidades básicas de la gente. Pero el gobierno antorchista de Tecomatlán no se ha sentado a lamentarse; ha hecho todo lo que está a su alcance humano y político para resolver los problemas fundamentales de la comunidad. El balance es, sin duda, un triunfo de la resistencia y de la organización popular.
—Y ante esa asfixia financiera que ahoga a miles de ayuntamientos en todo México, ¿qué es lo que marca la diferencia entre una administración antorchista y un gobierno de corte tradicional?
—La diferencia de fondo estriba en el trabajo colectivo. En un gobierno tradicional decide un individuo aislado o una burocracia insensible que solo busca el beneficio personal. Aquí no. En Tecomatlán el gobierno lo hace el pueblo: participan la ciudadanía, el cabildo, el pleno antorchista, las escuelas y los maestros. Todos nos articulamos como un solo hombre y como una sola fuerza. Esa cohesión social es nuestra mayor fortaleza; es lo que nos permite resolver los grandes problemas aun cuando el dinero escasee.
—Para Antorcha, la formación de las nuevas generaciones es una trinchera estratégica. ¿De qué manera concreta se traduce este compromiso en el terreno educativo dentro del municipio?
—Para Antorcha la educación no es un mero discurso demagógico, es la herramienta fundamental para liberar la conciencia del pueblo. Te pongo un ejemplo claro y reciente: la Villa Estudiantil de Tecomatlán, un inmueble colosal que alberga a jóvenes humildes de todo el país, llevaba casi siete años sin recibir impermeabilización. Con las lluvias torrenciales de la región, el agua se filtraba a las habitaciones, generando humedad y afectando la estancia de los muchachos. ¿Qué hizo el ayuntamiento? Entró de inmediato y dio una solución definitiva al problema. Y no solo eso: Garantiza el transporte municipal para que los jóvenes asistan a encuentros culturales, académicos y deportivos a nivel regional y nacional. Mantiene el respaldo con maestros capacitados para la enseñanza del arte y el deporte de masas. Así es como se construye patria, apoyando verdaderamente a los hijos de los campesinos y de los obreros.
—¿Cómo se aplicó el presupuesto en Tecomatlán?
—Con estricta justicia social y total transparencia. El informe de gobierno está al alcance de quien quiera revisarlo en las redes sociales, no hay nada que ocultar. Más del 80% de los recursos destinados a obras y servicios no se quedaron en la cabecera, sino que se distribuyeron en las comunidades y juntas auxiliares. Pensamos en el desarrollo integral de todo el municipio, priorizando siempre a los pueblos.
—Un hecho de profunda emotividad y significado político durante el informe fue ver reunidos a los expresidentes municipales de extracción antorchista. ¿Qué mensaje le envía esta imagen a las comunidades?
—Envía un mensaje de continuidad y de convicción política. Demuestra que en Tecomatlán quien realmente gobierna no es un individuo, sino el pueblo organizado. Los expresidentes antorchistas han sido solo ejecutores de la voluntad popular, manteniendo la unidad que trae consigo el progreso material y espiritual. Por eso hago un llamado fraterno pero enérgico a todos los campesinos, amas de casa, estudiantes y profesores: tenemos la obligación histórica de defender a Tecomatlán. Abrirle paso a personas que no buscan la unidad popular significaría condenar a nuestros pueblos a un retroceso terrible. Debemos garantizar la continuidad de este proyecto de trabajo, seguir luchando hombro con hombro y proteger la cuna del antorchismo para que siga siendo el faro que ilumine la lucha del pueblo pobre de México.
