Aquiles Montaño Brito
Hace unos días se hicieron públicos los resultados de la prueba PISA 2025 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (ODCE), en los que México ocupó el lugar número 37 de 38 países evaluados, que son miembros de esa organización. La evaluación indica que los estudiantes de México de los niveles de educación básica o media superior registraron retrocesos —aún más— en matemáticas y compresión lectora, así como un estancamiento en ciencias. En 2025, los estudiantes mexicanos obtuvieron 414 puntos en ciencias, 408 en comprensión lectora y 388 en matemáticas. Muy lejos de los puntos que lograron los estudiantes del mismo nivel en la República Popular China: 560 puntos en ciencias, 535 en comprensión lectora y 563 en matemáticas.
México ocupó —para nuestra desgracia, pero porque así lo tiene previsto el modelo educativo del país que se rige bajo las leyes del capital— el penúltimo lugar de los países evaluados. China —con un modelo educativo impulsado por su Partido Comunista— es el país mejor evaluado, porque su gobierno ve a la educación como un motor del desarrollo del país, construye escuelas de calidad, impulsa la superación de los maestros, logra que los niños y jóvenes no deban trabajar a la par de asistir a la escuela, impulsa desde hace años un freno al uso del celular en las escuelas y en las casas y es constante en la supervisión de las escuelas públicas.
El gobierno de México frena la inversión pública en la educación. El informe internacional “Education at a Glance 2026” de la OCDE (publicado el 29 de septiembre pasado) sostiene que “entre 2015 y 2023, el gasto del Gobierno destinado a las instituciones educativas —desde primaria hasta nivel superior— disminuyó del 4.4% al 2.9% del Producto Interno Bruto (PIB)”. Se trata de una política de Estado, no importando el partido que nos gobierne: Morena, PRI, PAN, etcétera, porque el objetivo de los empresarios no es formar genios en las ciencias naturales, sociales, del pensamiento o artistas y deportistas competitivos a nivel mundial, sino trabajadores con los conocimientos básicos necesarios para producir ganancias, que sean disciplinados y sumisos ante los abusos del patrón.
De manera que, bajo esa política, en México las escuelas de todos los niveles educativos, en todos los estados del país, presentan carencias graves como falta de salones, falta de direcciones, de sanitarios, de laboratorios, de salas de cómputo, de bibliotecas, de salas de lectura, de salones de arte (música, danza o teatro), así como de canchas techadas para hacer deporte y, en no pocos casos, paredes de concreto o techos que no sean de lámina en las zonas más marginadas. La pregunta sería: ¿Cuántas de las 260 mil escuelas que existen en el país tienen todos esos elementos necesarios para lograr que los niños y jóvenes se eduquen y sean genios académicamente? Se me hace que muy pocas y, casi todas ellas, en las zonas urbanas con mayor desarrollo económico o donde se asientan las familias de los hombres ricos del país. El Estado mexicano se conforma con que en las colonias y pueblos haya salones y algunos maestros. Nada más.
Desde el 3 de noviembre próximo, el gobierno propone que haya una restricción al uso de celular en las escuelas de nivel preescolar, primaria y secundaria. Muy bien, ¿y con eso ya solucionamos el problema del bajo aprendizaje de los niños y jóvenes de México? Un curita ante la grave herida que tiene nuestro sistema educativo no va a resolver absolutamente nada. “Fuera de los planteles, el celular tiene una presencia mucho mayor que otros equipos. El Inegi reportó que 84.6% de la población de seis años y más utilizó teléfono celular, mientras 38.1% usó computadora o tableta. El uso de internet alcanzó 88.9% de la población urbana y 75.2% de la rural, una diferencia de 13.7 puntos porcentuales”, reporta una nota de El Economista del 29 de noviembre de 2026. Lo mismo pasa con la prohibición de la comida chatarra en las escuelas, la prohibición de que haya centros con venta de alcohol cerca de ellas o la prohibición de las drogas. Todo eso agravado con el deteriorado calendario escolar, que suspende clases cada que una mosca se para en el pizarrón. El gobierno mexicano le pone parches y parches y parches a problemas que necesitan una completa reestructuración desde la base económica: destrozar lo que no sirve y levantar los cimientos de un nuevo modelo económico cuyo objetivo sea acabar con la pobreza y, a partir de ahí, lograr que los seres humanos se desarrollen plenamente con todas sus capacidad y potencialidades.
Antes de eso, pero trabajando sobre ese camino, algo se puede hacer en el terreno educativo: el Movimiento Antorchista Nacional lo hace gracias a la organización, la politización y la lucha de los trabajadores. A inicios de la década de 1980, en la cabecera de Huitzilan de Serdán —en la Sierra Norte de Puebla— sólo existían dos escuelas sin maestros, porque habían huido ante el asesinato del profesor Abelardo, como era práctica común de los caciques de la familia Aco y la UCI para explotar y dominar a los campesinos. Tras la valiente lucha de los campesinos antorchistas se fundaron y funcionan actualmente 53 escuelas de todos los niveles educativos.
Otro ejemplo. Antes de 1974, en Tecomatlán —en la Mixteca Baja de Puebla— sólo existía una primaria con los primeros tres años escolares, en donde impartía clases don Luis Córdova Reyes, un maestro rural, preparado de manera autodidacta, que fue factor fundamental en el desarrollo escolar de los tecomatecos y padre del líder nacional de Antorcha, el Maestro Aquiles Córdova Morán. Ahí se fundó Antorcha Campesina con varios estudiantes de la Universidad Autónoma Chapingo y los campesinos de Tecomatlán. Tras varios años de lucha, ahora en el municipio existen 33 escuelas [ludotecas, kínderes, primarias, secundarias, preparatorias, un ITT y una Normal]. La cuna del Movimiento Antorchista se ha desarrollado tanto que desde hace 40 años miles de jóvenes de Puebla, Oaxaca, Guerrero, la CDMX, el Edomex y de otros estados, llegan cada año a estudiar en sus escuelas, porque saben que es municipio seguro, de paz, con mucho desarrollo del arte y del deporte, sin centros de vicio, sin cantinas y sin prostitución. No basta, pues, sólo tener maestros y escuelas. El Movimiento Antorchista da la lucha para que los maestros estén preparados y que las escuelas tengan laboratorios, prácticas de campo, todas las aulas necesarias, bibliotecas, salas de cómputo, etcétera.
Antes del 74, Tecomatlán era un pueblo marginado y atrasado de la Mixteca poblana por el que nadie apostaría un peso. Gracias al trabajo de los antorchistas —a pesar de la gente retrógrada y sus alianzas con la izquierda de Morena que ahora les sirve para quejarse sin hacer nada— Tecomatlán fue finalista en el concurso “Barcelona FAD Award 2013” como una de las 25 mejores ciudades del mundo. Ahora es, gracias al trabajo diario de los tecomatecos bien nacidos, un pueblo lleno de juventud: la que nace ahí y la que llega ahí, ¡porque hay escuelas, paz, progreso y desarrollo!
En Antorcha, pues, ya estamos dando la lucha en el terreno educativo, como parte de una lucha completa contra la pobreza. Por lo tanto, podemos decir que hacemos, también en la educación, mejor las cosas. Vamos para adelante, que pesar del éxito, aún falta mucho camino.
