Venezuela y Estados Unidos suscribieron un acuerdo petrolero por 25 años que las partes presentaron como mutuamente beneficioso.
El 28 de agosto Donald Trump confirmó la noticia: los dos gobiernos alcanzaron lo que calificó como “el mayor acuerdo petrolero en la historia mundial”, al asegurarle a su país innegables ventajas estratégicas y económicas.
Delcy Rodríguez la presidenta encargada de Venezuela por su parte también anunció el acuerdo agradeciendo al presidente estadounidense y a Marco Rubio “por su disposición en el desarrollo del acuerdo” y de valorarlo como un “hito histórico” en los nexos binacionales, así mismo, afirmó que la iniciativa fue el resultado del fortalecimiento de la relación entre Venezuela y Estados Unidos.
En mensaje televisivo transmitido a la nación, Delcy Rodríguez intentó justificar que se trata de disponer de las reservas de petróleo más cuantiosas del orbe y que esos recursos se transformen en bienestar, prosperidad y felicidad para el país porque la ampliación de operaciones petroleras permitirá mejorar salarios de la población, los servicios públicos, los centros sanitarios y educativos, y la infraestructura vial, así como aportar “a la seguridad energética del hemisferio”.
De nada sirve tener reservas petroleras, únicamente para que aparezcan en una estadística, en una contabilidad y podamos decir “somos la mayor reserva del mundo”, cuando no podemos convertirlas y traducirlas en desarrollo para Venezuela”, argumentó la mandataria venezolana.
Para llevar a cabo el acuerdo, Venezuela “aporta petróleo, su industria y la experiencia de sus trabajadores, acumulada durante más de 100 años”, que luego se verán traducidos en “producción, empleo, inversión en infraestructura, mayores ingresos para el Estado, encadenamientos productivos para la industria nacional”, mientras que “Estados Unidos aporta capital y tecnología necesaria para recuperar y desarrollar esos activos”, sostuvo.
Mencionó asimismo que el proyecto binacional se extenderá «por 25 años» y estipula el desarrollo de “campos estratégicos” con una capacidad de producción estimada de 1.5 millones de barriles diarios, que se sumarán a lo extraído a través de contratos entre el Estado venezolano y trasnacionales como Chevron, Repsol, Eni, Shell o BP, con el propósito último de convertir al país bolivariano en un gran productor de petróleo, un exportador “importante” de gas y un fabricante de productos petroquímicos de alto nivel, lo que supone el desarrollo a gran escala de esa industria.
Rodríguez no eludió el tema de los ingresos, uno de los puntos que más suspicacia generó, habida cuenta de las repetidas declaraciones del mandatario estadounidense relativas a la supuesta apropiación del crudo extraído de Venezuela por parte de Estados Unidos o el referirse a ello como una suerte de derecho a tomar un botín de guerra, tras haber derrotado militarmente a ese país.
“Aquí hay una pregunta legítima que todo venezolano tiene derecho a hacer: ¿cuánto recibe Venezuela? Tomando como referencia un precio de 65 dólares por barril, puede ser más, puede ser menos, los ingresos de nuestro país llegarían a un total de 209 mil 335 millones de dólares para el Estado venezolano. En términos concretos, esto significa que, por cada barril producido y vendido, cerca de 19 dólares ingresan directamente a nuestro país”, detalló.
En cualquier caso, el pacto ya está en marcha. Este 2 de septiembre, Rodríguez recibió en el Palacio de Miraflores, sede del Ejecutivo, al secretario de Energía de Estados Unidos, Christopher Wright. La visita sirvió para la firma de varios contratos con empresas ligadas al negocio petrolero (Chevron y ENI), pero también al sector eléctrico (General Electric), así como para hacer públicos otros detalles del tratado bilateral.
No obstante, no se ha dado a conocer el texto del acuerdo suscrito. Mientras que la parte estadounidense asegura “el control mayoritario sobe más de 60 mil millones de barriles de reservas probadas” del crudo venezolano, “sin costo alguno para el contribuyente estadounidense”.
El “control mayoritario” al que aludiera el presidente estadounidense cuando dio a conocer el acuerdo, después de ordenar el bombardeo de Caracas y el secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, Trump firmó la Orden Ejecutiva 14.373, con fecha del 9 de enero de 2026, en la que se estipula que los pagos que reciba Venezuela por cuenta del petróleo deben realizarse en los Fondos de Depósito de Gobiernos Extranjeros o en otra cuenta que el Tesoro estadounidense indique y refuerza el estricto régimen de sanciones. Eso le permite el control de la mayor parte del erario venezolano.
El gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela cerró filas con la mandataria y respaldó sin fisuras el pacto, al considerar que “se trata de aprovechar todas las herramientas posibles, dentro del marco constitucional, para poner las inmensas reservas de hidrocarburos” de esa nación “al servicio del desarrollo nacional”, en un contexto donde confluyen la urgencia por recuperar la economía, mejorar los servicios públicos y atender las consecuencias del duplete sísmico que sacudió el centro-norte del país en junio pasado.
