EDITORIAL | Una carretera que el crimen se niega a soltar

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La reducción de 632 a 184 robos en la autopista México-Puebla durante los primeros siete meses de 2026 es importante, pero está lejos de significar que la batalla esté ganada. 

La prueba está en que grupos criminales han comenzado a reactivar accesos clandestinos que las autoridades ya habían bloqueado para dificultar el robo al transporte de carga.

Solamente entre enero y julio, la SICT cerró 108 accesos irregulares con muros, barreras metálicas y zanjas. Que algunos estén siendo abiertos nuevamente demuestra la capacidad de adaptación y, sobre todo, el interés que mantiene el crimen organizado sobre uno de los corredores carreteros más importantes del país. 

Entre junio de 2023 y mayo de 2024 fueron robadas 717 unidades de carga únicamente en el corredor San Martín Texmelucan-Puebla-Esperanza.

Cerrar una brecha para regresar meses después a cerrarla nuevamente no puede convertirse en una estrategia permanente. 

La reducción de los delitos debe acompañarse de vigilancia e investigación capaces de identificar y desarticular a los grupos que utilizan estos caminos. De lo contrario, autoridades y delincuentes permanecerán en un interminable juego de abrir y cerrar accesos, mientras los transportistas siguen poniendo en riesgo su mercancía y su propia vida.