Cuando el saqueo deja de ocultarse

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Durante décadas, las grandes potencias justificaron sus intervenciones militares en nombre de la democracia, la seguridad o la lucha contra el terrorismo. Hoy, ni siquiera se esfuerzan por disfrazar sus verdaderos intereses.

Si un presidente puede presumir públicamente que una guerra se pagó con el petróleo de otro país, no estamos frente a un simple exceso verbal. Estamos ante la normalización del saqueo como herramienta de política internacional.

La gravedad no radica únicamente en la frase. Radica en la lógica que encierra: considerar los recursos naturales de una nación como un botín de guerra y asumir que el poder militar otorga el derecho de apropiarse de ellos.

Durante siglos, el colonialismo se construyó precisamente sobre esa idea: ocupar territorios para explotar sus riquezas. La diferencia es que antes se intentaba revestir de civilización; hoy basta una declaración para reivindicarlo sin pudor.

Cuando el despojo deja de ocultarse, la comunidad internacional debería preguntarse qué tan frágil se ha vuelto el derecho internacional. Porque si el petróleo, el gas o los minerales terminan justificando invasiones o cambios de régimen, ningún país con recursos estratégicos puede sentirse completamente seguro.

Las palabras importan. Y cuando provienen del jefe de Estado de la principal potencia militar del mundo, dejan de ser una simple provocación para convertirse en una preocupante declaración sobre cómo algunos entienden todavía las relaciones entre las naciones.