Mil 814 razones para actuar

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Las cifras ya están sobre la mesa. Entre enero y abril de 2026, Puebla acumuló mil 814 delitos contra la libertad y la seguridad sexual. Son 173 casos más que en el mismo periodo del año pasado. Traducido a la realidad cotidiana, significa que cada día se denuncian en promedio más de 15 agresiones de carácter sexual en el estado.

Detrás de cada número hay una víctima, una familia afectada y una institución obligada a responder. Sin embargo, la discusión pública suele quedarse atrapada en el dato estadístico y rara vez avanza hacia la pregunta de fondo: ¿qué está haciendo el Estado para evitar que estas cifras sigan creciendo?

Los registros del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública muestran un incremento de 10.54 por ciento en los delitos sexuales durante el primer cuatrimestre del año. Los casos de abuso sexual, acoso, hostigamiento y violación continúan apareciendo en los reportes oficiales con una frecuencia que debería encender todas las alertas gubernamentales. A ello se suman miles de casos de violencia familiar y los feminicidios que siguen ocurriendo en territorio poblano.

No se trata únicamente de un problema de procuración de justicia. El fenómeno revela fallas más profundas: prevención insuficiente, escasa educación para combatir la violencia de género, debilidad institucional para proteger a las víctimas y una incapacidad histórica para construir entornos seguros para mujeres, niñas y adolescentes.

Las autoridades suelen reaccionar cuando un caso adquiere notoriedad mediática, pero los datos muestran una realidad más amplia y persistente. La violencia sexual no es un hecho aislado ni una suma de episodios inconexos; es un problema estructural que continúa creciendo mientras los discursos oficiales insisten en presentar escenarios de normalidad.

Por eso, la publicación de estas cifras obliga a una reflexión que va más allá de la estadística. El gobierno estatal ya no puede alegar desconocimiento. Los números son públicos, verificables y preocupantes. La pregunta ahora es qué hará con ellos.

¿Habrá una estrategia integral para contener el aumento de estos delitos? ¿Se fortalecerán las fiscalías especializadas y los mecanismos de atención a víctimas? ¿Se revisarán los programas de prevención en escuelas, comunidades y espacios públicos? ¿O las cifras terminarán archivadas como un reporte más dentro de la burocracia gubernamental?

Los ciudadanos tienen derecho a conocer no sólo cuántos delitos se cometen, sino qué acciones concretas emprenden las autoridades para impedir que vuelvan a ocurrir.