En Puebla la política tiene una extraña habilidad para convertir cargos públicos en ejercicios de improvisación. La llegada de Guadalupe Vanesa López Silva a la Secretaría de Bienestar del ayuntamiento deja más preguntas que certezas, sobre todo cuando el currículum presentado parece más una semblanza escolar que la trayectoria de alguien que administrará una de las áreas más sensibles del gobierno municipal.
“Trabajo social a favor de la justicia, la seguridad y el desarrollo del municipio” y “gestora cultural” son conceptos suficientemente amplios como para no decir prácticamente nada. Y eso, tratándose de un puesto público, debería preocupar.
Porque el problema ya no es solo el relevo de un perfil armentista como Carlos Gómez Tepoz. El problema es la normalización de nombramientos por cercanía política que por experiencia comprobable.
Puebla atraviesa problemas reales: pobreza, desigualdad, abandono social, inseguridad. Y frente a eso, el gobierno responde con perfiles cuya principal fortaleza parece ser la confianza interna del grupo en el poder.
La pregunta inevitable es si el cambio representa una mejora… o simplemente otra estación en el mismo tren de improvisación administrativa.

