Mucho ruido y pocos resultados

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En Puebla la política se parece cada vez más a una subasta mal disimulada. Mientras los partidos se acusan por bardas, cuotas y “posicionamientos espontáneos”, en Tehuacán, Chapulco y Nicolás Bravo el conflicto ya dejó de ser político para volverse negocio. 

Clausuras, bloqueos, tensiones sociales… todo orbitando alrededor de una herencia de cientos de millones. 

Y en medio, actores políticos que más que mediar o resolver, parecen interesados en ver de qué lado cae la fortuna. 

Oportunismo en todo su esplendor. 

Cuando el dinero entra así a la ecuación, se rompe cualquier intento de gobernabilidad.

Lo curioso es que, desde Morena, la preocupación parece ir por otro lado. 

Mientras la dirigente estatal anda muy activa denunciando quién cobra por pintar bardas —como si ese fuera el gran problema—, poco se dice de lo que pasa en municipios donde el conflicto escala y el gobierno estatal, encabezado por Alejandro Armenta, no termina de dar respuestas claras. 

Mucha vigilancia a la pared ajena y poca a lo que ocurre en la calle. 

Porque al final, no se trata de quién pinta más, sino de quién gobierna mejor. 

Y en eso, hasta ahora, hay más ruido que resultados.