Crisis en la canasta básica poblana

0
183

En Puebla ya no se trata de apretarse el cinturón. Se trata de ver qué se deja de comer.

La canasta básica alimentaria cuesta hoy más de 7 mil pesos al mes para una familia de cuatro personas. Si se suma lo indispensable para vivir —vivienda, transporte, salud— la cifra rebasa los 32 mil pesos mensuales. El ingreso promedio por hogar es de apenas 20 mil.

No alcanza.

Y no es una percepción. Es un desfase estructural: lo que se gana no cubre lo mínimo para vivir. Más del 80% de la población ocupada percibe poco más de un salario mínimo, mientras que casi el 40% vive en pobreza laboral. Es decir, trabajar ya no garantiza comer.

Ese es el nivel.

Las historias se repiten: familias que dejaron de comprar carne, que racionan el aceite, que sustituyen productos, que comen dos veces al día. No por elección, por necesidad. Personas con dos o tres trabajos que aun así no logran cubrir lo básico.

Y frente a eso, el discurso oficial insiste en que la inflación está “bajo control”.

Pero el problema no es el promedio.

Es qué está subiendo. El jitomate, el limón, la papa, la carne. Lo que realmente consume la gente. La inflación puede ser “saludable” en papel, pero en la mesa es otra cosa.

Mientras las familias hacen cuentas para sobrevivir, no hay un plan de contención, no hay control de precios, no hay una política que enfrente el problema de fondo: salarios bajos, informalidad masiva y crecimiento económico insuficiente.

Más de dos millones de poblanos trabajan en la informalidad. Sin seguridad social, sin estabilidad, sin respaldo. La mayoría no eligió ese camino, fue empujada a él.

Y entonces todo se conecta.

Salarios bajos, precios altos, empleos precarios. Una combinación que obliga a trabajar más para consumir menos. A vivir con lo justo, y a veces ni eso.

Por eso el problema no es solo económico.

Es político.

Porque esta realidad no es inevitable. Es el resultado de decisiones —o de la falta de ellas— que han permitido que el costo de la vida suba mientras los ingresos se estancan.

En Puebla, la crisis no está en los indicadores.

Está en la despensa.

Y ahí no hay forma de maquillarla.