En medio de la crisis con los hutíes, el Parlamento egipcio otorgó al presidente facultades para prestar apoyo a Arabia Saudita, aunque el Gobierno insista en limitar su papel a la defensa.
El Parlamento egipcio autorizó, tras dos aplazamientos, al presidente Abdulfatah al Sisi a adoptar las medidas que considere necesarias para ayudar a Arabia Saudita a defenderse, en una decisión que acerca a El Cairo a una implicación más directa en el conflicto entre el reino y Ansar Allah (movimiento hutí), informa Al Jazeera.
La iniciativa fue aprobada este 26 de octubre por más de dos tercios de la Cámara, de acuerdo con un comunicado parlamentario, después de que Al Sisi solicitara luz verde para prestar apoyo militar a Riad en caso de que el reino lo pidiera formalmente. La votación se celebró a puerta cerrada y, por ahora, no se ha anunciado ninguna petición oficial saudí para el envío de tropas egipcias.
No obstante, varias fuerzas opositoras rechazaron o se abstuvieron de respaldar la medida, al considerar que el papel de Egipto debería centrarse en la mediación y no en una implicación militar directa. Entre los motivos de la abstención figuró también la falta de detalles sobre los objetivos y la duración de la misión.
Aunque el documento no detalló qué tipo de asistencia ofrecería Egipto, el vicepresidente de la comisión legislativa del Parlamento, Taher al Khouly, comunicó a Reuters que las fuerzas egipcias serían enviadas a Arabia Saudita en coordinación entre ambos países y a solicitud de Riad.
Antes de la votación, el Parlamento había aplazado la decisión, mientras el ministro de Exteriores, Badr Abdelatty, y el jefe de Inteligencia, Hassan Rashad, viajaban a Arabia Saudita para entregar una carta de Al Sisi al príncipe heredero Mohammed bin Salman. Conforme a la agencia, el presidente egipcio dejó claro que el apoyo de su país se limitaría a la defensa del territorio y las fronteras saudíes, y no a una ofensiva contra Yemen.
La misma línea fue reafirmada tanto por el canciller egipcio, que defendió explorar “todas las oportunidades” para una solución diplomática del conflicto, como por el presidente del Senado, Essam Farid, quien aseguró que la postura egipcia es “puramente defensiva” y está orientada a proteger el territorio, la soberanía y los lugares sagrados saudíes frente a ataques externos. Así resumió Essam Farid la postura de su país: “Un escudo que protege, no una espada que ataca”.
Como señala el especialista en Oriente Medio Elfadil Ibrahim, para entender por qué El Cairo se muestra dispuesto a brindar apoyo militar a Arabia Saudita, hay que mirar ante todo a la dependencia financiera de Egipto respecto a las monarquías del Golfo.
Según su análisis, Arabia Saudita mantiene unos 10 mil 300 millones de dólares depositados en el banco central egipcio, y si se suman las cuentas de Kuwait y Catar, la cifra asciende a unos 18 mil millones, cerca de un tercio de las reservas de divisas del país. Para Egipto, ese colchón es especialmente importante porque se trata de una economía que depende en gran medida de importaciones estratégicas: es uno de los mayores compradores de trigo del mundo, necesita adquirir cada vez más combustible en el exterior y, además, afronta una pesada carga de deuda denominada en dólares. En un contexto en el que el país no genera por sí solo suficientes divisas para cubrir todas esas obligaciones, el respaldo financiero del Golfo adquiere un peso decisivo.
No obstante, el analista subraya que no existen indicios públicos de que Riad haya condicionado esos depósitos a un respaldo militar egipcio. Pero añade que, en la práctica, El Cairo tampoco necesita que se lo pidan. La fragilidad de la divisa nacional, el peso del servicio de la deuda y la dependencia de socios financieros del Golfo reducen considerablemente la capacidad del Gobierno egipcio para rechazar una petición sensible procedente de uno de sus principales respaldos externos.
Ibrahim añade que esa dependencia también tiene una dimensión política. Cuando misiles iraníes impactaron en Emiratos Árabes Unidos este año, Abu Dabi, que había rescatado la economía egipcia en 2024 con un acuerdo inmobiliario de 35 mil millones de dólares, expresó su malestar por la inacción de sus socios árabes. Poco después, El Cairo envió discretamente un destacamento de cazas Rafale.
Por tanto, la conclusión del analista es que el apoyo financiero del Golfo lleva aparejada una expectativa de lealtad visible.
El Cairo también tiene sus propias cuentas pendientes con el grupo yemení. “La presión hutí sobre Bab el Mandeb amenaza al canal de Suez, que según el ministro de Exteriores egipcio ha perdido unos 11 mil millones de dólares desde que comenzaron los ataques en 2023”, señaló Thomas Bonnie James, analista político y experto en estudios del golfo Pérsico.
La decisión también es importante para El Cairo porque millones de egipcios viven y trabajan en Arabia Saudita, la principal fuente de remesas de Egipto.
Además, tras la visita de Mohamed bin Salmán a El Cairo el 15 de septiembre, ambas partes acordaron de forma preliminar nuevas inversiones saudíes por más de 10 mil millones de dólares y la prórroga de un depósito de 5 mil 300 millones de dólares en el Banco Central de Egipto. El plazo de devolución de ese depósito vencía inicialmente a principios de octubre.
Asimismo, Egipto no quiere que se le vea como el aliado regional que se quedó al margen mientras otros defendían al reino, ya que Turquía y Pakistán han asumido sus propios compromisos tras activar el pacto de defensa de La Meca, firmado en agosto en medio del deterioro de la seguridad en Oriente Medio.
El 13 de agosto, El Cairo se sumó a una coalición naval liderada por Arabia Saudita, creada después de que los hutíes declararan un bloqueo contra la navegación saudí. Sin embargo, según un análisis de The National, sumarse al conflicto y al pacto podría deteriorar las relaciones de Egipto con Irán.
Mientras tanto, Mohammed Ali al Houthi, el miembro del Consejo Político de los hutíes, afirmó que la autorización concedida por el Parlamento egipcio al presidente para adoptar medidas defensivas en apoyo de Arabia Saudita equivale a una “declaración de guerra” contra Yemen, pese a que El Cairo insiste en que su papel se limitará a la defensa del territorio saudí.

