Morena perdió Acatlán sin perder una elección

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Morena no necesitó perder una elección para quedarse sin gobierno en Acatlán de Osorio. Nueve de los diez integrantes del Ayuntamiento terminaron por abandonar el barco, incluida la presidenta municipal Guadalupe Lucero Bárcenas, dejando detrás un gobierno prácticamente desmantelado y obligando al Congreso de Puebla a preparar la designación de un Concejo Municipal.

El episodio debería preocupar especialmente al partido gobernante. Morena ganó Acatlán en las urnas, recibió la confianza de los ciudadanos y, antes de concluir el periodo constitucional, su gobierno terminó implosionando desde dentro. Durante meses hubo enfrentamientos entre la alcaldesa y los regidores, acusaciones cruzadas, protestas y una ruptura política que nadie dentro del partido consiguió —o quiso— contener. Al final, la solución no fue reconciliar al gobierno: fue prácticamente desaparecerlo.

Y eso pesa rumbo a 2027. Morena puede presumir triunfos electorales y una enorme presencia territorial en Puebla, pero gobernar también significa tener cuadros capaces de administrar, resolver diferencias y evitar que los conflictos internos paralicen a las instituciones. Acatlán demuestra que ganar una elección sirve de poco cuando después no se puede gobernar lo ganado.

Ahora el Congreso podrá nombrar un Concejo y devolver cierta estabilidad administrativa al municipio. Pero para Morena queda una factura política importante.