Cuando la ambición desplaza al proyecto colectivo; el reto de Atlixco ante 2027

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Rafael Mendoza Castillo
A poco más de un año del inicio formal del proceso electoral de 2027, en el que se
renovarán presidencias municipales, diputaciones locales y federales, la disputa por el
poder ya comenzó. Aunque legalmente aún no estamos en campaña, basta recorrer las
calles de Atlixco o abrir las redes sociales para encontrar rostros, entrevistas, espectaculares
y una permanente promoción personal de quienes aspiran a ocupar un cargo público.
Cada tres años el escenario se repite. Cambian los nombres, cambian los colores y
cambian los discursos, pero el fondo permanece prácticamente intacto: la competencia por
el poder suele imponerse sobre la construcción de un verdadero plan de desarrollo para el
municipio.
No es necesario mencionar a ningún aspirante. El problema no radica en las
personas, sino en la lógica política que ha convertido la representación popular en una
carrera de promoción individual. Cuando la imagen personal ocupa más espacio que las
propuestas para resolver los problemas de la población, la política deja de ser un
instrumento de transformación y se convierte en una disputa por administrar el poder.
Desde mi punto de vista, la política debería responder a las necesidades concretas
del pueblo trabajador y no a las aspiraciones individuales de quienes buscan un cargo. La
verdadera fortaleza de un movimiento político no se mide por la cantidad de espectaculares
o publicaciones en redes sociales, sino por su capacidad para organizar a la población y
resolver sus problemas. Y Atlixco tiene muchos.
La inseguridad continúa siendo una de las principales preocupaciones ciudadanas.
En los últimos meses han sido frecuentes los reportes de robos a casa habitación, robo de
vehículos y motocicletas, asaltos, hechos violentos y otros delitos que afectan directamente
la tranquilidad de las familias. Las cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema
Nacional de Seguridad Pública muestran que el robo, las lesiones y la violencia familiar
siguen entre los delitos de mayor incidencia en el municipio, mientras que las carpetas de
investigación continúan registrándose mes con mes.
Pero la inseguridad no es el único problema. Persisten deficiencias en la
infraestructura urbana, un sistema de drenaje pluvial insuficiente que vuelve vulnerables al
primer cuadro de la ciudad y a diversas colonias durante la temporada de lluvias, rezagos en
servicios públicos y un campo que continúa esperando mayores apoyos e inversiones para
fortalecer la producción agrícola, una de las actividades económicas más importantes de la
región, por algo, alguna vez Atlixco fue el granero de América.
Frente a esta realidad, resulta preocupante que el debate político se concentre en
quién será el próximo candidato y no en cuál será el proyecto capaz de responder a estas
demandas sociales.
La historia demuestra que ninguna sociedad avanza cuando prevalece el
individualismo. Las grandes transformaciones sociales nunca han sido obra de un solo
dirigente ni de un grupo reducido; han sido resultado de la organización consciente del
pueblo tranajador. Una comunidad desorganizada y dividida es una comunidad vulnerable.
En cambio, cuando el pueblo se organiza y lucha, es capaz de transformar su realidad.
Por ello, más allá de partidos, siglas o personajes, Atlixco necesita construir una
ciudadanía organizada que vigile a sus autoridades, participe en las decisiones públicas y
exija políticas que prioricen la seguridad, el desarrollo urbano, el fortalecimiento del campo
y el bienestar colectivo, antes que el interés personal.

Las campañas volverán a llenarse de promesas, recorridos, abrazos y fotografías.
Eso es parte del ritual electorero. Lo verdaderamente importante ocurrirá después de las
elecciones, cuando sea necesario exigir resultados y recordar que el poder público no
pertenece a los gobernantes, sino al pueblo.
El reto de Atlixco no consiste únicamente en elegir nuevos representantes en 2027.
El verdadero desafío es construir una sociedad organizada, crítica y combativa, capaz de
poner el interés colectivo por encima de las ambiciones personales. Porque sólo un pueblo
unido y consciente puede transformar su realidad y hacer de Atlixco un municipio más
seguro, más justo y verdaderamente digno para todos. Que conste.