Medicamentos que no pueden esperar

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Hasta tres meses sin Tacrolimus tuvieron que enfrentar pacientes renales y trasplantados atendidos en Puebla. 

Algunos sobrevivieron gracias a reservas personales o redes de apoyo y otros llegaron al extremo de reducir sus dosis. 

No hablamos de un medicamento prescindible: los inmunosupresores son fundamentales para evitar que el organismo rechace un órgano trasplantado, por lo que interrumpir el tratamiento puede poner en riesgo años de atención médica y, principalmente, la vida del paciente.

El IMSS anunció la adquisición de mil 993 piezas de Tacrolimus y otras 3 mil 192 en tránsito, un avance necesario pero insuficiente mientras continúen reportándose irregularidades. 

Después de una crisis de esta magnitud, conseguir medicamentos de emergencia no puede considerarse la solución; la obligación de las instituciones públicas de salud es garantizar que jamás vuelvan a faltar.

Ningún paciente debería recorrer hospitales, buscar medicamentos entre conocidos o decidir cuánto puede reducir una dosis para hacerla rendir.

El derecho a la salud también significa tener el tratamiento completo en el momento en que se necesita. Con medicamentos de los que depende la supervivencia de un órgano trasplantado, un día de desabasto ya es demasiado; tres meses son inadmisibles.