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EDITORIAL | Karuzo no es el problema

La discusión sobre el Foro Karuzo no debería reducirse a un trámite administrativo. Lo que está en juego es la capacidad del gobierno municipal de Puebla para distinguir entre aplicar la ley y utilizar la burocracia de manera que termine asfixiando a uno de los pocos espacios culturales independientes que han logrado sobrevivir durante dos décadas en el Centro Histórico.

Los gestores del foro denunciaron que la Tesorería municipal se negó a actualizar el domicilio de su licencia de restaurante-bar, bajo el argumento de que su nueva sede se encuentra a menos de 200 metros de una unidad médica. Ellos responden que su giro no es el de un bar convencional y cuestionan que el criterio se aplique de manera restrictiva cuando, aseguran, existen establecimientos en condiciones semejantes que sí han obtenido permisos.

Karuzo ha desarrollado conciertos, teatro, danza, literatura, cine, exposiciones, divulgación científica y desde 2017 colabora incluso con el INAOE en sus “Noches de ciencia”, ha abierto sus puertas a colectivos feministas, LGBT+, buscadores de personas desaparecidas, periodistas, artistas y organizaciones sociales. 

Todo ello, a través de un modelo de autogestión sostenido principalmente por la venta de alimentos y bebidas, sin depender del presupuesto público para mantener su programación.

Puebla necesita más espacios culturales independientes, una ciudad no se empobrece solamente cuando pierde empleos o inversión; también se empobrece cuando desaparecen los lugares donde sus habitantes se encuentran, debaten, crean y construyen comunidad. 

Si el gobierno municipal quiere demostrar que su política cultural va más allá del discurso, el caso Karuzo es una buena oportunidad para hacerlo.

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