El tiempo libre de los jóvenes

0
49

Allison Michelle Martínez Pérez

Desde hace años se ha visto una realidad que hoy en día sigue creciendo y se vuelve más una preocupación para el futuro de nuestro país: las juventudes están hundidas en la ignorancia, por la falta de oportunidades para su desarrollo como futuros ciudadanos, todo gracias a que el gobierno no impulsa la educación en serio y al uso excesivo de las nuevas tecnologías, que mal informan a las masas con sus contenidos.

¿A que quiero llegar con esto? A que día con día, cada nueva tendencia que surge de las sombras de cada red social se puede interpretar como vendas de ignorancia para nuestras juventudes, impidiéndoles ver que están cayendo al barranco del desconocimiento. En Puebla, por ejemplo, según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad de Tecnologías de la Información en los Hogares (INEGI), el 99% de los jóvenes de Puebla utilizan redes sociales de forma habitual. Más de 1 millón 70 mil usuarios que navegan por internet en el estado son menores de edad.

Podemos ver que los jóvenes poblanos están frente a una pantalla en promedio de 7 horas diarias exclusivamente para estar sumergidos en las redes sociales. Por decirlo de otra manera un estudiante pasa aproximadamente casi una jornada laboral completa desperdiciando su tiempo y su energía. Entonces podemos hacernos una pregunta: ¿En qué momento se piensa, en que momento se convive, en que momento se ejercita el cuerpo, la mente y el alma?

Cada vez hay más jóvenes que son atrapados en el sedentarismo: más del 85% de los adolescentes y jóvenes poblanos están encadenados a los dispositivos móviles, muchos de nuestros jóvenes ha cambiado una chanchas de futbol, de basquetbol o de beisbol —las cuales están al aire libre en donde ellos pueden hacer infinidad de actividades recreativas para su desarrollo y armonía con la sociedad— por la “comodidad” de estar sentados viendo las redes sociales en el celular o pegados en la televisión. La mayoría de los jóvenes ya no leen libros, revistas de política o los diarios; ya no se informan de lo que pasa en la sociedad y no tienen, entonces, una visión crítica de la realidad de México y del mundo.

En las calles, las colonias y las juntas auxiliares de la capital poblana, los parques lucen vacíos (sin vida, sin cultura, sin comunidad). Este estilo de vida sedentario no sólo debilita sus cuerpos, sino que también marchita su salud mental, incubando niveles graves de estrés, depresión y ansiedad. El tiempo libre, que debería ser un motor libertad, salud y crecimiento, se ha trasformado en el nido perfecto para la apatía y la enfermedad.

Ante esta alarmante realidad, las actividades paraescolares que se realizan en las escuelas antorchistas en la capital y en cualquier otro sitio en donde nuestra organización tenga presencia, no pueden seguir siendo vistas como un simple “relleno” educativo o un pasatiempo opcional por las tardes. El deporte escolar, las bandas de música, lo talleres de teatro, los clubes de ajedrez, de danza, de declamación son más que nunca la muestra más evidente de que existe una necesidad de salud pública y, por lo tanto, estos talleres son una herramienta de rescate social son un salvavidas para nuestros jóvenes que están sumergidos en contenidos ahogándolos en basura digital.

Para mí y para mi organización las escuelas deben convertirse en el contrapeso de la tecnología. Un salón de artes o una cancha deportiva son los únicos espacios democráticos donde un joven se ve obligado a soltar el teléfono, para mirar a los ojos a sus compañeros y aprender el valor de la disciplina, el esfuerzo físico y el trabajo en equipo en el mundo real. No podemos permitir que el futuro se siga construyendo desde el aislamiento de una habitación oscura. Exigir, financiar y rescatar las actividades para escolares es el primer paso indispensable para quitarles esas vendas de los ojos a las juventudes y devolverles el control de su tiempo, de su salud y de su propio destino.