Durante cinco noches consecutivas Estados Unidos ha lanzado ataques militares contra Irán, sin embargo, el país persa mantiene el control del Estrecho de Ormuz.
Expertos en la materia indican que en caso de que Estados Unidos destruyera las plataformas de lanzamiento costeras, Irán podría continuar su defensa desde tierra.
La situación representa un fracaso estratégico para Donald Trump porque no doblega a Irán y la nueva escalada militar ha creado una situación similar a la del inicio del conflicto, en la que ni las agresiones militares ni las sanciones económicas logran persuadir a Irán de abrir el Estrecho de Ormuz.
El tráfico de barcos petroleros por esa vía marítima ha disminuido a su nivel más bajo desde el 25 de mayo y en consecuencia el precio del petróleo Brent ha aumentado cerca de un 20% desde el reinicio de las hostilidades.
En el terreno de la diplomacia Estados Unidos no ha conseguido el apoyo internacional que ha intentado conseguir. Los países de la región se niegan a participar en las acciones estadounidenses contra Irán por temor a posibles consecuencias, y algunos países sólo han hecho peticiones verbales para que se reabra el Estrecho de Ormuz.
Estados Unidos no tiene una estrategia segura y efectiva para controlar el tráfico de petroleros en el Estrecho de Ormuz porque Irán continúa conservando el control lo que representa una poderosos arma de presión para futuras negociaciones.
