¿Preparación o cercanía política?

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La reciente publicación de Michelle Talavera anunciando que recibió su título profesional abrió un debate que trasciende la felicitación por un logro académico ¿Cómo llegó a dirigir un organismo estatal sin contar —durante casi un año— con un título profesional?

De acuerdo con su propia declaración patrimonial, Michelle Talavera obtuvo el título de Licenciada en Derecho el 17 de diciembre de 2025, mientras que asumió la Dirección Ejecutiva de Convenciones y Parques el 17 de diciembre de 2024. Durante ese periodo ocupó un cargo con una remuneración mensual superior a 85 mil pesos y con la responsabilidad de administrar recursos públicos y tomar decisiones estratégicas.

No se trata de descalificar a una persona por terminar sus estudios después. Se trata de cuestionar los criterios con los que se integran los gobiernos. Si para miles de jóvenes poblanos el título profesional es un requisito indispensable para acceder a un empleo, ¿por qué para ocupar una alta responsabilidad dentro de la administración pública parece no serlo?

El debate cobra mayor relevancia porque la gestión de Talavera ha estado envuelta en cuestionamientos públicos, como el contrato por 307 mil 400 pesos otorgado para una estrategia de promoción encabezada por el influencer Adolfo Lazzari, con quien la propia funcionaria reconoció haber mantenido una relación sentimental. 

Aunque ella ha rechazado la existencia de un conflicto de interés y sostiene que el procedimiento fue legal, también decidió reservar la identidad de los demás influencers que participaron en la campaña, alimentando las dudas sobre la transparencia del proceso.

No puede afirmarse que la falta de un título profesional haya provocado esas decisiones; eso sería una conclusión que no está demostrada. Lo que sí es evidente es que los cargos públicos deben ocuparse por los perfiles mejor preparados, con experiencia comprobable y sujetos al mayor escrutinio posible. La cercanía política nunca debe sustituir al mérito.

Los poblanos merecen servidores públicos que acrediten no solo estudios profesionales, sino también capacidad técnica, independencia y compromiso con la transparencia. Administrar recursos públicos no puede ser un premio político: debe ser una responsabilidad reservada para quienes demuestren estar plenamente preparados para ejercerla.