Icono del sitio Contigo Puebla

Un nuevo Ocoyucan

Adrián Salazar
 
Este 28 de junio, las familias de Ocoyucan celebrarán 35 años de lucha organizada. Se dice dice fácil, pero implica un gran esfuerzo por parte del pueblo que se ha sumado a las filas antorchistas para mejorar sus condiciones materiales de vida. Para cualquiera que visite este municipio de la zona metropolitana de Puebla, podrá encontrar un municipio donde las familias cuentan en sus hogares con servicios básicos: agua potable, drenaje sanitario, energía eléctrica, calles pavimentadas, además de escuelas, centros de salud, espacios culturales, entre muchas otras obras. Pero, hace 35 años, no había nada de esto.


En la elección para elegir al presidente municipal, celebradas en 1998, el pueblo de Ocoyucan eligió a Federico Olivos Merino, pero los enemigos del progreso, que buscaban mantener su coto de poder todas las vías posibles, reventaron la elección quemando las urnas y robando la papelería que acreditaba el resultado real de la decisión del pueblo, para imponer a Ezequiel Flores Colotl.


El cacicazgo de aquel entonces, que además vivía en Atlixco, y sólo veía en las arcas de la presidencia municipal su botín personal, estaba cobijado por la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), lo que hacía más difícil que hubiera justicia para los ocoyuquenses, sin embargo, cansados del sometimiento y el yugo, decidieron dar la lucha, pero las protestas fueron reprimidas. La gota que derramó el vaso fue cuando el comandante de la policía, en estado de ebriedad mató a un niño, hijo de una de las familias que protestaban, eso hizo que un grupo de campesinos buscara al Movimiento Antorchista.


En 1989, encabezados por Antorcha, se realizaron asambleas en las inspectorías, rancherías y juntas auxiliares para organizar a la gente. Durante cerca de un año se realizaron mítines, marchas, plantones y diversas acciones para exigir la repetición de las elecciones y en 1990 se repitió el proceso electoral. Ese fue el primer triunfo de la gente organizada.


A partir de entonces, las familias de Ocoyucan organizadas en Antorcha han mantenido vigente la lucha por transformar su entorno para poder vivir mejor a través del progreso y desarrollo, atendiendo en primer lugar las necesidades materiales ya señaladas. Por el otro lado, cuando algún antorchista ha ocupado el cargo de la presidencia municipal, el mismo pueblo vigila y le exige que cumpla con su función de servidor público, atendiendo a todos los sectores sociales e impulsando el desarrollo uniforme en todas las comunidades, para beneficio de todos.


Ahora, los hijos de aquellas familias viven en otro Ocoyucan, uno distinto, nuevo, donde pueden caminar por calles pavimentadas, donde pueden elegir en qué escuela inscribir a sus pequeños para educarse, donde si se enferma, pueden acceder rápidamente al servicio de salud, pero no sólo eso, pueden pensar en desarrollar sus habilidades deportivas y culturales porque existen las condiciones para ello gracias al trabajo del antorchismo, al trabajo de sus padres, de sus abuelos, de ellos mismos.


Es cierto que se ha logrado mucho en estos 35 años, que construir un Ocoyucan nuevo no ha sido fácil, aún continúa el camino, hace falta, pues, seguir en la lucha, no basta con tener un municipio nuevo, es menester construir también una nueva sociedad, justa y equitativa para toda la clase trabajadora, y el que Ocoyucan se haya transformado tan radicalmente con la lucha organizada, es muestra de que el proyecto de nación del Movimiento Antorchista es posible, y esa, es la tarea de la clase trabajadora organizada.

Salir de la versión móvil