La arriesgada guerra comercial que Europa quiere librar contra China

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La Unión Europea estudia nuevas restricciones comerciales contra China y se prepara para un posible ciclo de represalias. Sin embargo, el creciente déficit comercial, la dependencia de las cadenas de suministro chinas y la pérdida de competitividad de varias industrias europeas plantean una pregunta incómoda para Bruselas: ¿está preparada para una confrontación con la mayor potencia industrial del mundo?

Ante la caída de sus exportaciones a China, la Unión Europea está estudiando cada vez con mayor intensidad la posibilidad de imponer barreras comerciales al gigante asiático.

China, que ya ha superado la guerra comercial impuesta por Trump, cuenta con medios de presión mucho mayores sobre Europa, la cual parece no ser consciente de su vulnerabilidad frente a una potencia económica mucho mayor.

Bloomberg informó que la Unión Europea se prepara para advertir a sus ciudadanos y empresas sobre una posible guerra comercial con China, ya que el bloque comienza a considerar nuevas medidas restrictivas contra Pekín.

Públicamente, la Comisión Europea dijo que la relación del bloque con China ya no era sostenible y prometió una “respuesta más firme y coherente”. En privado, los funcionarios aceptaron que China probablemente tome represalias, según personas familiarizadas con las conversaciones.

En 2025, el déficit comercial de la Unión Europea con China en materia de bienes se amplió hasta los 359 mil millones de euros (418 mil millones de dólares), lo que supone un aumento de casi el 15 % respecto a la cifra del año anterior y más del doble del déficit registrado en 2019, el último año antes de la pandemia de COVID-19.

China vendió casi 560 mil millones de euros (unos 650 mil millones de dólares) en bienes al bloque en 2025, continuando una tendencia en la que sus exportaciones a Europa aumentaron drásticamente tras la pandemia.

También está realizando inversiones de “nearshoring” en países cercanos a la Unión Europea, como Marruecos, que tienen acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y podrían ofrecer una forma de eludir futuros aranceles de la Unión Europea.

Mientras tanto, las exportaciones europeas a China han ido disminuyendo. En 2025, las exportaciones cayeron a poco menos de 200 mil millones de euros (unos 232 mil millones de dólares).

Por otra parte, Bruselas está dividida en cuanto a cómo hacer frente a China, que subvenciona activamente a sus empresas para aumentar su competitividad. Esto ha dado lugar a un aumento de su cuota de mercado en sectores como la energía solar, la construcción naval, la metalurgia y la industria del aluminio, los equipos de telecomunicaciones, las turbinas eólicas, la industria aeroespacial y de defensa, así como la industria automotriz.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el club de las economías desarrolladas, afirma que el éxito de China se debe a las subvenciones. “Al igual que el dopaje en el deporte, existe el riesgo de que las subvenciones hagan que los actores menos productivos ganen de manera desleal a costa de los más innovadores y eficientes”, señaló la OCDE.

En Pekín, estas declaraciones se perciben únicamente como un intento de justificar su propio proteccionismo. “Sean cuales sean los términos utilizados, “reducción del riesgo”, “disminución de la dependencia” o “desequilibrio comercial”, no son más que diferentes nombres para el proteccionismo”, declaró Mao Ning, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de la nación asiática, a los periodistas en Pekín la semana pasada, y agregó que los consumidores en Europa se verían afectados, y que sus empresas enfrentarían mayores costos y una menor competitividad a largo plazo.

La agencia china Xinhua evaluó la situación de manera aún más contundente. En un análisis publicado, un grupo de investigadores chinos afirmó que el verdadero problema de Europa no proviene desde China. “La verdadera amenaza para la Unión Europea no es el “exceso de capacidad” de China, sino la propia falta de innovación de Europa y sus mercados cerrados”, señala el informe.

Los autores también recuerdan que la idea misma del distanciamiento económico de China surgió en Estados Unidos y Europa tras la pandemia de COVID-19, cuando las élites occidentales se dieron cuenta de repente del alcance de su dependencia de los suministros chinos.

El artículo también descarta cualquier comparación entre China y la Unión Europea en cuanto a la necesidad de reducir la deuda. “La estructura de esa deuda sugiere que la resiliencia de China es mayor que la de la Unión Europea”, sostienen los autores.

Advierten que apostar por el proteccionismo solo puede acelerar la desindustrialización de Europa, mientras que China seguirá consolidando su posición en los nuevos sectores de alta tecnología, desde los vehículos eléctricos hasta la inteligencia artificial.

“Lo que Europa debe reconocer es que la fragilidad económica de China es un desafío de transición, no un colapso sistémico”, afirman los autores, argumentando que los cimientos de la economía china son mucho más sólidos de lo que se cree en Bruselas.