Artesanas del municipio de Naupan denunciaron condiciones laborales precarias durante su participación en la elaboración de jerseys de Adidas para la Selección Mexicana, proyecto impulsado por la empresa Someone Somewhere. Las trabajadoras alertaron sobre pagos que iban de 180 a 200 pesos por jornadas de aproximadamente cinco horas de trabajo.
Las experiencias fueron dadas a conocer a través de testimonios recopilados por la activista y promotora cultural Luz Valdez, quien difundió los relatos a través de redes sociales. De acuerdo con las versiones compartidas, varias artesanas firmaron acuerdos de confidencialidad que les impiden hablar públicamente sobre el proyecto, por lo que otras tejedoras que participaron en el proceso de selección decidieron narrar las condiciones bajo las que trabajaron o las razones por las que rechazaron integrarse.
De acuerdo con los testimonios, algunas bordadoras recibieron ofertas de hasta 36 pesos por hora trabajada, situación que generó críticas sobre las condiciones económicas bajo las que se desarrollo la colaboración vinculada a una marca internacional multimillonaria.
Tras la polémica, Luz Valdez cuestionó directamente a Someone Somewhere sobre la afiliación de las artesanas al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). La empresa respondió que no realizó el registro debido a que el servicio médico más cercano se encuentra en el municipio de Huauchinango, por lo que optaron por ofrecer un seguro privado con atención remota.
Asimismo, la empresa aseguró que la instalación del taller dentro de la Casa de Cultura de Naupan fue una petición de las propias artesanas ante el gobierno municipal, con el objetivo de evitar gastos de renta de espacios de trabajo.
La controversia también abrió nuevamente el debate sobre el papel de intermediarios y empresas que comercializan trabajo artesanal bajo discursos de comercio justo y preservación cultural, mientras las ganancias y condiciones reales para las comunidades siguen siendo cuestionadas.
Someone Somewhere defendió el proyecto argumentando que las artesanas aprendieron nuevas técnicas textiles especificas para la colaboración con Adidas y aseguró que los ingresos de la comunidad aumentaron más del 400% tras la comercialización de las prendas.
Sin embargo, las críticas sobrepasaron a la empresa, pues las Artesanas de Naupan también señalaron intermediarios culturales y representantes externos de intentar controlar el acceso y comercialización del trabajo, reproduciendo relaciones desiguales con las tejedoras indigenas de la región.
Este caso pone sobre la mesa una vez más las condiciones en que las comunidades artesanales participan en proyectos de marcas globales, así como la falta de garantías laborales y de transparencia en esquemas que se presentan públicamente como iniciativas de impacto social.

