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Los límites se desdibujan

¿De verdad ese es el nivel? En un acto que debería honrar la memoria histórica de la Batalla de Puebla, lo que terminó desfilando —además de contingentes— fue una estrategia burda de posicionamiento personal. 

Propaganda disfrazada de “detalle”, nombre impreso en cada objeto y una funcionaria, Laura Artemisa García Chávez, que convenientemente “desconoce” el origen de los promocionales que la promocionan. 

La política poblana parece haber normalizado lo que debería escandalizar: el uso de recursos, públicos o no tan claros, para adelantarse a los tiempos electorales. 

Porque aquí no hay ingenuidad, hay cálculo. 

Y lo preocupante no es solo la acción, sino la certeza de impunidad con la que se ejecuta.

El fondo del asunto es más grave: la soberbia del guinda empieza a desdibujar, a conveniencia, los límites de la legalidad electoral. 

Las bardas, los eventos, los “regalos” y ahora esto forman parte de una misma lógica: ocupar el espacio público como si ya estuviera en campaña permanente. 

¿Dónde está el árbitro? El Instituto Nacional Electoral no puede seguir observando como espectador mientras se vulneran, una y otra vez, los tiempos que garantizan equidad en la contienda. 

Si las reglas solo aplican para algunos, entonces no lo son. Y lo que queda no es más que simulación con propaganda de por medio.

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