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El ajedrez poblano

La política poblana volvió a mirar hacia afuera… y lo que encontró no tranquiliza. El nombre de un exmando militar que pasó por Puebla apareció en una lista de presuntos vínculos con el narcotráfico en Estados Unidos. No hubo escándalos locales en su momento, tampoco resultados destacables. Pasó sin ruido. Pero el contexto actual obliga a revisar incluso lo que antes parecía intrascendente.

Cuando las acusaciones alcanzan a gobernadores en funciones y a figuras de la llamada Cuarta Transformación, el problema cobra una relevancia imposible ignorar. Morena enfrenta una de sus pruebas más delicadas: sostener su discurso anticorrupción mientras crecen las dudas sobre algunos de sus cuadros.

En paralelo, el movimiento interno del partido no se detiene. La posible llegada de nuevos liderazgos nacionales y los reacomodos que se avecinan colocan a varios actores en posición de ventaja, mientras otros intentan no quedarse fuera del tablero. La crisis por el caso Rocha Moya no solo golpea la narrativa, también redefine las lealtades y acelera decisiones. En política, los vacíos de poder se llenan rápido. Y en Puebla, ya hay varios ansiosos de ocuparlos.

En municipios como Tehuacán, los conflictos locales escalan y empiezan a mezclar intereses políticos, económicos y decisiones judiciales que generan sospecha. Operativos desproporcionados, disputas familiares millonarias y la intervención de autoridades en momentos clave alimentan una percepción peligrosa: que el poder no siempre actúa solo por la ley. Esa idea ya está instalada y el partido guinda pierde la confianza.

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