Más del 70% de los poblanos ya cambió su forma de vivir por miedo: dejan de salir, de convivir, de llevar lo básico, incluso de permitir que sus hijos estén solos.
Adaptación forzada a la inseguridad.
La ciudad se está encogiendo por temor. Y frente a eso, la pregunta es inevitable: ¿qué va a hacer Alejandro Armentacon estos datos?
Porque gobernar no es administrar cifras, es revertirlas. Puebla no necesita diagnósticos —ya los tiene—, necesita una estrategia de seguridad clara, visible y efectiva.
Lo urgente no es reconocer el problema, es empezar a resolverlo.

