En Puebla, la discusión debería ser la seguridad. Pero no.
Mientras el gobierno impulsa el proyecto del Cablebús —una obra de miles de millones de pesos—, los datos sobre inseguridad siguen acumulándose sin respuesta de fondo. Al cierre de 2025, el 84.5% de los poblanos en la capital se sentían inseguros.
Prácticamente toda la ciudad viviendo con miedo.
Nueve de cada diez personas temen usar el transporte público. Más de tres cuartas partes evitan cajeros automáticos. En 2025 hubo 898 homicidios dolosos, 75 mil delitos del fuero común y más de 25 mil robos en apenas diez meses.
La violencia se normalizó.
Y aun así, la apuesta es otra.
Un proyecto como el Cablebús, con una inversión cercana a los 6 mil 700 millones de pesos, pensado para un número limitado de usuarios, con cuestionamientos ambientales, opacidad en su planeación y hasta suspensiones judiciales.
Una obra vistosa, sí, pero difícil de defender como prioridad en el contexto actual.
De un lado, una ciudad donde casi la mitad de los hogares ha sido víctima de algún delito, donde la confianza en la policía es mínima y donde el costo de la inseguridad se mide en miles de millones de pesos al año.
Del otro, una obra que promete movilidad aérea mientras en tierra la gente evita salir.
En la antesala de 2027, Morena tendría que estar afinando su estrategia, leyendo el ambiente, entendiendo qué le preocupa a la gente.
Pero lo que se percibe es lo contrario: decisiones que no conectan con lo urgente.
Porque la gente no está pidiendo teleféricos, está pidiendo poder caminar sin miedo, abrir un negocio sin riesgo, subirse al transporte sin pensar que algo va a pasar. Está pidiendo lo básico.
Y en política, ignorar eso suele costar caro…
