Protocolo para la libertad

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Estados Unidos acaba de fracasar en su intento por someter a Irán. Lo que comenzó como una amenaza de aniquilación total —con el presidente Donald Trump anunciando que «una nación entera moriría esta noche»— terminó en un alto el fuego negociado, con Washington aceptando una propuesta iraní de diez puntos. El imperio quiso imponer su ley mediante misiles de última generación, pero se encontró con un pueblo organizado, consciente y dispuesto a dar la vida por su soberanía. Y ese es el hecho que el mundo debe conocer: el imperialismo puede ser detenido cuando hay unidad real.

La derrota estratégica de Estados Unidos no fue casual. Irán cerró el estrecho de Ormuz, paralizó el flujo del 20 por ciento del petróleo mundial, elevó los precios y golpeó la economía de su agresor. Al mismo tiempo, más de 14 millones de iraníes se alistaron voluntariamente en el ejército para defender su patria, mientras el ejército estadounidense —el más caro del planeta—, sufría pérdidas técnicas y políticas: desde un portaaviones averiado hasta una deuda pública que ya supera el 139 por ciento de su PIB. 

El resultado: un imperio endeudado, dividido internamente y con una población que rechaza la guerra, un panorama así no puede sostener aventuras militares prolongadas.

México no puede mirar esto como un espectador lejano. Somos el país que históricamente ha sido sojuzgado por Estados Unidos por razones geográficas, económicas y militares. Hemos perdido territorio, hemos soportado invasiones disfrazadas de cooperación y décadas de injerencia. La cercanía con el vecino del norte  ha sido una condena de explotación, imposición de políticas neoliberales y amenazas constantes, como las recientes declaraciones de Trump sobre introducir tropas en territorio mexicano.

La lección de Irán es que la independencia se defiende con organización popular, con conciencia de clase y con la disposición a luchar. 

Irán puede no tener superioridad militar sobre Estados Unidos, pero tiene un pueblo educado políticamente y un gobierno que supo canalizar la voluntad de millones. 

Los iraníes entendieron que la libertad no se negocia. Y esa es la pregunta que debemos hacernos los mexicanos: ¿estamos dispuestos a organizarnos para defender nuestra soberanía cuando el imperio vuelva a amenazarnos?

El mundo cambia de fase. El imperio estadounidense tambalea, pero no ha muerto. Sus ataques se redoblarán contra quienes se atrevan a resistir: Cuba, Venezuela, y también México. 

Lo ocurrido en Irán puede ser interpretado como un protocolo para la libertad… aunque la libertad no es transferible, pero sí puede ser tomada por México y el mundo como una muestra palpable de que el pueblo unido puede doblegar al gigante.

O aprendemos a organizarnos y a defender lo nuestro, o seguiremos siendo colonia. La hora de los pueblos ha llegado, y México no puede quedarse con los brazos cruzados.