Fracking en México: urgencia energética y los riesgos ambientales

0
130

El fracking —o fractura hidráulica— es una técnica de extracción de gas y petróleo que consiste en inyectar grandes volúmenes de agua, arena y químicos a alta presión en el subsuelo para fracturar las rocas y liberar hidrocarburos atrapados a gran profundidad. Aunque ha permitido aumentar la producción energética en países como Estados Unidos, también ha sido ampliamente cuestionado por sus impactos ambientales: contaminación de mantos acuíferos, uso intensivo de agua y posibles daños a ecosistemas.

En México, este método vuelve a colocarse en el centro del debate. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo aseguró que su gobierno analiza nuevas variantes del fracking que —según dijo— no implicarían el uso de agua potable ni provocarían los mismos niveles de daño ambiental que los modelos aplicados en otros países.

Durante su conferencia matutina, la mandataria sostuvo que especialistas de instituciones públicas trabajan en alternativas tecnológicas que permitan aprovechar los recursos energéticos sin repetir los impactos observados en experiencias internacionales. “¿Se debe utilizar de la misma manera que en Estados Unidos? No”, planteó.

El director de Petróleos Mexicanos (Pemex), Víctor Gonzales Padilla, advirtió que el país cuenta con alrededor de 141 billones de pies cúbicos de gas en yacimientos no convencionales, reservas que solo pueden explotarse mediante técnicas como el fracking.

En ese contexto, el gobierno federal busca reducir la dependencia energética del exterior, particularmente de Estados Unidos, de donde proviene una parte importante del gas que consume el país. Sin embargo, la apuesta revive un debate que parecía cerrado en el sexenio anterior, cuando el expresidente Andrés Manuel López Obrador rechazó públicamente esta práctica, aunque nunca se prohibió legalmente.

De acuerdo con reportes periodísticos, Pemex prevé incrementar de forma significativa la inversión en proyectos de extracción no convencional, particularmente en el campo de Chicontepec, una de las reservas más importantes del país.

Organizaciones ambientalistas advierten que incluso con “nuevas tecnologías”, el fracking implica riesgos inherentes difíciles de eliminar por completo. La posibilidad de contaminar agua subterránea o afectar territorios sigue siendo una preocupación.

Así, México se encuentra ante una disyuntiva: aprovechar sus reservas energéticas para fortalecer su soberanía o evitar una práctica que, en otras latitudes, ha dejado costos ambientales difíciles de revertir.

Silvanna Mortera