Más protestas, menos respuestas

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En Puebla ya no alcanza con decir que “hay inconformidad”, los datos hablan por sí solos: en 2025 se registraron 128 manifestaciones, casi el doble que en 2024. El dato más duro es la participación: de poco más de 13 mil personas a más de 54 mil en un año.

Los problemas sin resolver se acumulan.

Las protestas no responden a un partido, un problema en particular o una campaña. Fueron protestas de trabajadores de la salud, colectivos de familiares desaparecidos, estudiantes, organizaciones, demandas de servicios básicos como el agua, etc. 

Esta lista larga no refleja el fallo en una sola tarea, sino la capacidad de respuesta del Estado.

La capital concentra la mayor parte de la movilización, pero el malestar también explotó en Tehuacán, San Gabriel Chilac y otros municipios. La inconformidad está en todo el estado, los problemas que aquejan a los poblanos no están encontrando solución en las instituciones, ni con los funcionarios.

El colmo: la respuesta oficial sigue en lo administrativo: “atención directa”, “mesas de diálogo”, “canalización de demandas”, etc., es decir, se gestiona la protesta pero en el fondo no están resolviendo nada.

Este modus operandi tiene consecuencias, porque los problemas sin resolver regresan (y más fuertes). Lo que en 2024 generó 68 manifestaciones, en 2025 genero 128 y 2026 en los primeros tres meses lleva 37 manifestaciones con 34 mil asistentes.

En ese escenario, lo que viene rumbo a 2027 no es ignorable. Las elecciones no se van a dar en un clima de normalidad, sino en un estado con inconformidad acumulada, sectores organizados y una ciudadanía que ha encontrado en la protesta una vía más efectiva que los canales institucionales.

No es un buen punto de partida.

Porque una cosa es que la gente se manifieste —eso forma parte de cualquier sociedad— y otra muy distinta es que cada vez más personas tengan que hacerlo para ser escuchadas.

Ahí es donde el dato deja de ser estadística y se convierte en señal.