Por Omar Martínez
Atlixco es uno de los principales destinos turísticos de Puebla: su centro histórico, con calles adoquinadas y adornadas con flores, recibe cada fin de semana a miles de visitantes. Sin embargo, a pocos kilómetros de esa postal, la realidad cambia: colonias y juntas auxiliares enfrentan carencias en infraestructura, transporte deficiente y calles en mal estado.
Vecinos de zonas periféricas señalan que mientras el centro recibe constante atención, ellos padecen problemas que limitan su vida cotidiana. El mal estado de los caminos complica el acceso a escuelas y trabajos; el transporte es escaso y los servicios públicos llegan de manera irregular.
La diferencia se hace evidente: mientras en el centro se invierten recursos en obra pública, jardinería y mantenimiento urbano, en los barrios alejados los habitantes perciben abandono. Esto ha generado la percepción de que existen “dos Atlixcos”: el de las fotografías promocionales y el de quienes enfrentan diariamente carencias.
El reto de la administración municipal será equilibrar la atención, de manera que el desarrollo turístico no se traduzca en desigualdad social, sino en beneficios para toda la población, sin importar si habitan en el corazón de la ciudad o en sus orillas.
