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Amozoc inseguro

Enrique Pluma

En Amozoc la inseguridad dejó de ser una noticia aislada para convertirse en una realidad que se respira en cada calle. Juan Barranco González, vecino del barrio Las Cruces, comparte con nosotros la percepción que tienen él y sus vecinos sobre la creciente ola delictiva. Su testimonio refleja el miedo, la impotencia y la desconfianza hacia las autoridades municipales que, según él, han abandonado a la gente.

—¿Cómo describiría la situación de inseguridad en Amozoc?

Mire, aquí ya no se vive, se sobrevive. Uno sale de su casa con la bendición en la boca porque no sabe si va a regresar. Todos los días se escuchan historias de asaltos, de gente a la que golpean por un celular, de balaceras. Vivimos con miedo constante, como si la violencia ya fuera parte de la rutina.

—¿Ha cambiado la percepción de la seguridad en los últimos años?

Sí, antes había delitos, claro, pero no con esta frecuencia ni con tanta violencia. Hoy ya es común que alguien te diga: «ayer me asaltaron» o «a fulano lo golpearon». Lo grave es que ya no importa si es de día o de noche, en cualquier momento puede pasar.

—¿Qué es lo que más preocupa a los vecinos del barrio Las Cruces?

Principalmente los asaltos en el transporte público y en las calles oscuras. Pero también está el miedo a que se metan a las casas. Ya nadie se siente seguro ni adentro ni afuera. Aquí mismo han robado a jóvenes que apenas iban a la secundaria.

—¿Usted o su familia han sido víctimas de algún delito?

Sí, a mi sobrino lo asaltaron cuando salía de la escuela. Le quitaron la mochila, el celular y lo empujaron al suelo. Él ahora tiene miedo hasta de ir a la tienda. Eso es lo peor, que el miedo te cambia la vida.

—¿Qué medidas toman ustedes para sentirse un poco más seguros?

Nos hemos organizado en grupos de vecinos: si vemos algo sospechoso, nos avisamos. Pero seamos sinceros, eso no basta. Los delincuentes no tienen miedo a nada, ni a la policía. Y uno, como ciudadano, no puede enfrentarse directamente porque hasta problemas legales le traen.

—¿Cuál es la relación con la policía municipal?

Prácticamente inexistente. Uno llama y rara vez llegan. Cuando lo hacen, dicen que no hay patrullas, que no hay personal. Esa es la respuesta de siempre. Entonces uno piensa: ¿para qué están si nunca pueden?

—¿Confía en que las autoridades puedan resolver esta situación?

La verdad, no. Prometen, se paran en campaña a decir que va a haber seguridad, pero en los hechos no vemos nada. Cada vez hay más miedo y menos confianza en ellos.

—¿Qué impacto tiene la inseguridad en la vida diaria de las familias?

Nos limita mucho. Ya no se puede salir en la noche, los jóvenes no disfrutan, los negocios cierran temprano. Eso no solo afecta la vida social, también la economía del pueblo. Todo se paraliza por miedo.

—¿Qué opina de los hechos violentos recientes en municipios cercanos como Acajete?

Claro que nos preocupa. Cuando uno escucha que allá hallaron cuerpos calcinados o personas tiradas, piensa: “mañana puede pasar aquí”. La violencia ya no tiene fronteras, se va extendiendo, y como nadie hace nada, llega hasta nuestras calles.

—¿Cree que la inseguridad ha cambiado la forma de relacionarse entre vecinos?

Sí, ahora desconfiamos hasta del que camina detrás de nosotros. Ya no se sabe quién es quién. Eso rompe la convivencia, destruye la confianza y nos deja aislados. Y un pueblo dividido es un pueblo vulnerable.

—¿Qué mensaje recibe la gente cuando tiene que detener a los delincuentes porque la policía no actúa?

Pues que estamos solos. Que si no hacemos algo, nadie lo hará por nosotros. Pero también es peligroso, porque la gente no debería hacer lo que le corresponde a las autoridades. Eso nos pone en riesgo a todos.

—¿Qué le pediría al gobierno estatal y municipal?

Que dejen de dar discursos y se paren aquí a ver cómo vivimos. Que pongan policías capacitados, que haya patrullajes reales, no solo de foto. Y que dejen de culpar a la gente: la responsabilidad es suya, para eso están en el cargo.

—¿Cree que la inseguridad se puede resolver solo con policías y patrullas?

No, también necesitamos oportunidades. Si los jóvenes tuvieran trabajo y educación, muchos no caerían en la delincuencia. Pero como no hay nada, pues ven en el robo la única salida.

—¿Qué mensaje le daría a sus vecinos y a la gente de Amozoc que vive con miedo?

Que no nos paralice el miedo. Que nos organicemos, nos cuidemos entre nosotros y alcemos la voz. Porque si nos quedamos callados, esto nunca va a cambiar. Solo unidos podemos hacer frente, pero también exigiendo que las autoridades cumplan con su deber.

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