Flores amarillas es un gesto cargado de simbolismo y emoción que ha trascendido sus orígenes para convertirse en una tradición popular en muchas culturas. Originalmente, la costumbre de regalar flores amarillas ganó fuerza gracias a la telenovela “Floricienta”, en la que la protagonista anhelaba recibir estas flores como signo de amor verdadero y felicidad. Esta escena, junto a la canción emblemática que la acompañaba, logró que millones de espectadores asociasen el color amarillo con sentimientos de cariño y esperanza. Con el tiempo, la práctica se difundió a través de las redes sociales, adoptándose como una forma de expresar afecto, amistad y el deseo de nuevos comienzos.
El color amarillo, en sí mismo, evoca la luz del sol, la energía y la vitalidad, lo que lo convierte en el tono ideal para transmitir optimismo y alegría. Al regalar flores de este color, se desea compartir un mensaje de prosperidad y felicidad, invitando a la persona que las recibe a ver la vida con una mirada luminosa y positiva. Asimismo, en muchos países se asocia la entrega de flores amarillas con el inicio de la primavera, época que simboliza el renacer y la renovación, reforzando la idea de dejar atrás el invierno y abrazar un futuro lleno de posibilidades.
Esta tradición, que empezó como un detalle vinculado a un fenómeno mediático, se ha transformado en un lenguaje propio en el que cada flor se convierte en un mensaje sutil y profundo. Así, regalar flores amarillas ya no se limita a un simple acto de cortesía, sino que se erige en una forma de comunicar sentimientos sinceros y de fortalecer los lazos afectivos, celebrando la belleza y la luz en la vida de quienes las reciben.